Se llama Andrés Hurtado, pero es conocido en el ambiente artístico como “Chibolín”, quien hoy está en la mira del Ministerio Público y el Poder Judicial.
“Chibolín” ha saltado de las notas periodísticas de farándula a las crónicas judiciales, por delitos de cohecho y tráfico de influencias, a consecuencia de su participación en una disputa de familias vinculadas a la comercialización de oro proveniente de la minería informal (una de esas familias está ligada al futbolista Edison Flores), gracias a sus “nexos” con una fiscal superior. Asimismo, Hurtado tendría “conexiones” con dos vocales superiores, además de otros magistrados. Hasta ahí parece una red de corrupción judicial, como aquellas del empresario Rodolfo Orellana y el ex vocal supremo César Hinostroza, respectivamente.
Realmente, Hurtado era un “lobista”: intercedía entre quienes pedían “favores” y quienes (autoridades, entiéndase) podían concederlas: licencias de edificación, pasaportes, resoluciones judiciales, etc. El programa de televisión en una televisora privada era el pretexto para conocer a quienes podían servirle. Por supuesto, “Chibolín” cobraba por estos servicios. Suponemos así financiaba el glamoroso y extravagante estilo de vida de él y su familia. El programa fue cancelado y Hurtado ha sido detenido por la Policía Nacional.
“Chibolín” apuntaba alto: los políticos. Para las elecciones generales de 2021, Hurtado habría colaborado recaudando fondos para la campaña presidencial del economista Hernando de Soto. Además, habría “facturado” dinero del financiamiento público a partidos y movimientos políticos en servicios de media training para el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien se había convertido en asiduo concurrente al programa de televisión. En 2022 “Chibolín” se acercó al incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, so pretexto de interceder para la entrega de dinero público a favor de niños pacientes de oncología, que nunca ocurrió. Ya las conexiones estaban hechas. De acuerdo a testimonios últimos, Hurtado habría estado en “nómina” de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) en época de Castillo. ¿Por qué o para qué?. Aún no conocemos.
“Chibolín” es un “mal elemento” social. Su “amiga” fiscal superior confiesa que lo conoció como “proxeneta”. En la primera mitad de la década de 1990, perteneció al círculo social del narcotraficante Demetrio Chávez Peñaherrera, alias “Vaticano”, quien posteriormente acusaría públicamente al entonces asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, hombre fuerte de la dictadura de Alberto Fujimori, por haberle cobrado “cupos” para transportar droga vía área en la selva. Aunque Hurtado probó, como muchas otras personas (por ejemplo, la ex modelo Susan León), no conocer las actividades económicas de Chávez Peñaherrera, actualmente, es su apoderado para narrar la biografía de “Vaticano” o negociar pagos por regalías con quien quiera publicarle un libro o filmarle una película.
¿En qué
acabará “Chibolín”?. No sé, pero estaremos atentos a las ramificaciones
políticas de estos casos penales.
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