Hace varios días el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) publicó las últimas cifras sobre la pobreza monetaria en Perú.
Según las estadísticas oficiales, alrededor del 29% de la población está por debajo de la línea de pobreza. Estaríamos hablando de siete millones de pobres en este país de renta media. Comparando con estadísticas de periodos anteriores, los pobres de siempre siguen siendo pobres. Especialmente, en zonas rurales. No. Las nuevas cifras indican que la pobreza ha aumentado en las zonas urbanas. Eso significa que quienes pertenecían a la “clase media emergente”, que habían salido de la pobreza en las dos últimas décadas, se han convertido en pobres otra vez.
Con tasas altas o bajas, diecisiete años de crecimiento económico continuo terminaron con la pandemia viral COVID-19 en el año 2020. El “efecto rebote” en la economía al año siguiente acabó con las elecciones generales de 2021 y el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo. A la sucesión constitucional de 2022 le sucedieron varios meses de “conatos de revuelta” y “focos insurreccionales” en el país que afectaron las actividades económicas. Hoy, al margen que ciertas actividades económicas van bien, la economía continúa en recesión.
Cuando se supo la información sobre el incremento de la pobreza en Perú, de inmediato, las facciones de izquierda radical pusieron “grito al cielo”. Para éstas, es la demostración palpable que el odiado modelo económico heredado de la década de 1990 “fracasó”. Así lo proclamaron la ex congresista y dos veces candidata presidencial Verónika Mendoza, comunista afrancesada y lideresa incapaz de inscribir un movimiento político, o el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista y prófugo de la justicia hace más de doscientos días. No son más que un par de caraduras.
Cuando el mentado “modelo” comenzó a reducir la pobreza con el aumento de las tasas de crecimiento económico, “rojos” y “rojimios” decían que todo era falso. Cuando la reducción de la pobreza era innegable, entonces dijeron que el “modelo” estaba incrementando la desigualdad social. Ahora que el crecimiento económico es tan bajo y el “modelo” ha perdido su potencia, se quejan, porque subieron los índices de pobreza. Realmente, son unos caraduras.
Del otro lado, sectores “de derecha” se durmieron en los laureles del “modelo”. A éstos les bastaban las reformas de mercado de la década de 1990 y no había necesidad de mayores reformas. No contemplaron la posibilidad que el crecimiento económico iba a disminuir o que éste chocaría con la pobreza estructural, que requiere el complemento de una eficaz política social. Mucho menos previeron que la inestabilidad política en la cual se ha hundido el país desde 2018 terminaría afectando el crecimiento económico. No, ellos aún creen en la falsa premisa expresada por el politólogo Carlos Meléndez sobre la “estabilidad a la peruana”. Todo eso ha quedado en el pasado.
Por desgracia, la descomposición institucional que nos llevaría al desmoronamiento de la democracia restaurada en 2001, inevitablemente, arrastrará al modelo económico heredado de la década de 1990. Ya no sé si todavía estamos a tiempo para salvar algo del país que fuimos los dos últimos decenios (los mejores de nuestra historia republicana) o todo está perdido.
Creo lo
averiguaremos con el transcurrir del tiempo.
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