En El Salvador, Nayib Bukele habría sido “reelegido” con 85% de votos válidos en las elecciones generales celebradas el domingo 04 de febrero.
Popular en América Latina, Bukele ha consolidado un “proyecto de poder”: domina la Asamblea Legislativa (casi no tiene oposición), controla la Fiscalía General de la República y la Corte Suprema de Justicia, sometió a la Corte de Cuentas y avasalló al Tribunal Supremo Electoral. Está aliado con los militares, tiene respaldo del empresariado y ya persigue detractores de cualquier signo político. A partir de ahora, cuándo dejará Bukele el poder será una fecha incógnita.
A Bukele no le ha importado pisotear las instituciones y el imperio de la ley. Su sola candidatura presidencial era una violación flagrante a la Constitución de 1983 destruyendo la democracia salvadoreña. Ya es un dictador, pero a la gran mayoría de salvadoreños no le importa. Está maravillada con su política de “mano dura” contra las temibles pandillas, a pesar que hasta en los Estados Unidos ya se conocen los pactos secretos entre Bukele y los jefes pandilleros, pero éste ha metido en la cárcel a todo quien luzca pandillero, aprovechándose del “régimen de excepción”.
A la gran mayoría de salvadores tampoco le ha interesado que el cogollo de Bukele sea hasta sancionado por los Estados Unidos como “corrupto”. Tampoco le ha importado que Bukele haya despilfarrado millones de dólares del erario público en cripto-monedas y sea un servil con China para obtener préstamos e inversiones. Menos que Bukele sea un megalómano, con delirios de poder, “anti-político” hasta el extremo (no tiene un color ideológico) e incapaz de soportar el periodismo crítico. Dentro y fuera de El Salvador, Bukele tiene legiones de seguidores convencidos que están ante un “estadista” subcontinental cuando sólo es una gran estafa política viviente. Otra más en la historia de América Latina.
En Perú, los sectores “de derecha” han celebrado en las redes sociales Facebook y X (otrora Twitter) la permanencia de Bukele en el poder. Les interesa un pepino que sea un sátrapa. Les fascina su autoritarismo venal, sus poses narcisistas, sus diatribas contra los derechos humanos, su imagen fabricada de “cruzado anti-globalista”, etc. De seguro habrá más de un político peruano que desee imitarlo. Por ejemplo, el Alcalde de Los Olivos viajó a San Salvador para festejar el triunfo. Aunque no pertenece a los sectores “de derecha”, dicen en la opinión pública que el ex mayor Antauro Humala (un cuasi fascista), preso diecisiete años por la asonada de Andahuaylas en 2005, cuando fueron asesinados cuatro policías, fantasea con ser el “Bukele peruano”.
Con sus simpatías por Bukele, los sectores “de derecha” en Perú, aunque digan lo contrario, no creen en la Constitución de 1993 como pacto regulador en la sociedad ni en la democracia restaurada en 2001 como el régimen político que más beneficioso ha sido para el país. Tampoco en la economía de mercado como el sistema más eficaz para crear riqueza.
Entonces,
¿en qué creen?. En dictadorzuelos como Nayib Bukele.
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