Se acerca el 19 de julio, día de la nueva alharaca “roja” llamada “toma de Lima”, la cual -sus impulsores de izquierda radical- sería “la venganza popular sobre la historia”.
En realidad, todo parece indicar que será un fracaso político estrepitoso, aunque no descarto violencia callejera, destrucción de propiedad pública o privada, detenidos, heridos y, tal vez, fallecidos. Los organizadores dicen que vendrá decenas de miles hacia Lima. Por no decir, cientos de miles. Ni siquiera, creo, reunirán diez mil manifestantes en Lima. No están seguros de marchar por el Centro Histórico, a consecuencia de la “intangibilidad” ordenada por el Alcalde de Lima.
¿Por qué creo fracasará el intento de alboroto “rojo”?. Primero, a diferencia de los conatos de revuelta y focos insurreccionales entre diciembre del año pasado y enero de este año, incluyendo las dos anteriores “tomas de Lima”, esta vez la izquierda radical ha visibilizado los rostros de sus promotores, muchos de los cuales apoyaron o nunca criticaron el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo hasta el 07 de diciembre pasado.
Con nombres, apellidos y rostros conocidos de los promotores, no puedes vender la “toma de Lima” como una manifestación espontánea de “desborde popular”. Aparecen desde la congresista Ruth Luque y las ex congresistas Indira Huilca, Tania Pariona y Rocío Silva Santisteban hasta la abogada Rosa María Palacios, el periodista Pedro Salinas y el psicoanalista Jorge Bruce. Aunque no quieran, serán todos esos nombres, apellidos y rostros quienes asumirán la completa responsabilidad por el 19 de julio.
Segundo, la “plataforma de lucha” es demasiado política: renuncia de la Presidenta de la República, cierre del Congreso, inicio de un proceso constituyente para redactar una nueva Constitución, comicios anticipados y hasta la “liberación de los presos políticos desde el 07 de diciembre”. No hay ninguna reivindicación económica o social que pueda movilizar masas más allá de minorías extremistas. A su vez, quienes conformaron las turbas de izquierda radical participes de los conatos de revuelta o los focos insurreccionales pasados, incluidas las anteriores “tomas de Lima”, están más temerosos de la represión por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, además de cansados, decepcionados y más preocupados por sus empleos, sus negocios, sus “panes de cada día”.
Por último, la izquierda radical se juega sus últimas cartas. ¿Qué les hace pensar a los “rojos” que ahora sí cuando la Presidenta de la República y su Gobierno no están más políticamente débiles hoy que hace cinco, seis o siete meses?. Dudo muchísimo que después anuncien una cuarta, una quinta o una sexta “toma de Lima”, porque más de un ciudadano o una ciudadana, comunes y corrientes, se reiría de ellos.
El descontento
ciudadano hacia los políticos y el sistema político es real, pero éste no se
canalizará a través de la izquierda radical y sus marchas con ampulosos
títulos. No, se canalizará en la siguiente campaña electoral, para la cual los “rojos”
no partirán como favoritos.
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