Venezuela atraviesa horas cruciales e históricas, a consecuencia de la elección presidencial el domingo 28 de julio.
La dictadura de Nicolás Maduro perpetró un asqueroso fraude electoral, por el cual no sólo se ha burlado de la voluntad popular expresada en las ánforas sino hasta de las matemáticas. El Consejo Nacional Electoral, dominado por la dictadura, publicó un primer -y único- boletín, al 80% de actas escrutadas, donde si sumamos porcentajes que dice obtuvieron Maduro, declarado ganador, y los demás candidatos resulta más del 100%: estadísticamente, imposible.
Todas las encuestas de intención de voto daban como ganador al diplomático Edmundo Gonzáles Urrutia, candidato presidencial, ungido por la ex diputada y lideresa opositora María Corina Machado, por amplísima ventaja sobre Maduro. Encuestas “a boca de urna” o de “conteo rápido” ratificaban el mismo resultado. Incluso, al 30% de actas escrutadas, con copia en manos de la oposición, González Urrutia ganaba con enorme ventaja sobre Maduro. Media hora después, la dictadura anunció que Maduro había sobrepasado a Gonzáles Urrutia y era “el ganador”.
Tanto dentro como fuera de Venezuela no es posible creer en semejantes cifras. A los numerosos pedidos para publicación de todas las actas (incluyendo el 80%, supuestamente, escrutado), el Consejo Nacional Electoral apresuró la marcha y proclamó ganador a Maduro. De inmediato, la dictadura comenzó la represión contra ciudadanos protestando en Caracas y distintas ciudades. No obstante, ha habido muchos cacerolazos y mucha protesta callejera. Por su parte, la oposición ha conseguido acceder a copias de más actas -ya publicadas en Internet- que confirmarían la victoria electoral de Gonzáles Urrutia.
Un megalómano Maduro también se fue contra los gobiernos latinoamericanos que no creen en “su victoria electoral” y han exigido la publicación de todas las actas escrutadas, incluido Perú. El Ministro de Relaciones Exteriores (el mismo que nos ha hecho pasar vergüenza recientemente) fue categórico desde la cuenta oficial de Torre Tagle en la red social X (antes Twitter) que Perú NO avalaría otro fraude electoral en Venezuela. Creo a él, quien fue opositor a la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990, debe hacerle recordar el fraude electoral del año 2000. También debe haber sido informado que, sobre los casi millón y medio de venezolanos en Perú, alrededor de novecientos mil con edad de votar, el Consejo Nacional Electoral sólo registró para voten en la embajada venezolana en Lima ¡593!: una auténtica tomadura de pelo.
A la expulsión de varios embajadores, incluido el embajador peruano en Caracas, ordenada por Maduro, acá Torre Tagle respondió con la orden que el embajador venezolano en Lima y todos sus funcionarios diplomáticos abandonen Perú en menos de 72 horas.
A
diferencia de lo sucedido en 2013 con el gobierno de Ollanta Humala, esta vez
esperamos una posición firme de Perú contra la dictadura de Nicolás Maduro. Se
lo debemos a los muchísimos venezolanos que debieron emigrar. Entre distintos destinos, Perú.
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