Primero fue el Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Después el Presidente del Consejo de Ministros. También el Teniente Alcalde de Lima. Entonces en la opinión pública se oye o lee un apellido: Bukele.
Obviamente, no es otra cosa que la evocación a Nayib Bukele, el sátrapa narcisista que regenta el poder en El Salvador, a quien sectores “de derecha” (más algún despistado de otro signo ideológico) han convertido en el arquetipo latinoamericano actual de “la mano dura”. ¿Qué dicen en Perú sobre Bukele?. Puras alabanzas: Bukele ha enfrentado a las pandillas, Bukele está metiendo a todos los pandilleros en la cárcel, Bukele ha mandado al diablo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, El Salvador es ahora un país extremadamente seguro, necesitamos un Bukele, etc. Incluso el congresista Hernando Guerra García (quien ha justificado que el Fondo Editorial del Congreso publique panfletos defendiendo el golpe de estado del 05 de abril de 1992) ha dicho que necesitamos “dos Bukeles” y ya tuvimos un Bukele: el ex dictador Alberto Fujimori.
Entiendo. El Salvador nos queda lejos, pero en sectores “de derecha” debieran hacer un pequeñísimo esfuerzo por informarse y sabrán la evolución siniestra tras tanto oropel. Como han expresado distintos opositores salvadoreños como la diputada Claudia Ortiz o el periodista Carlos Dada, Bukele está conduciendo El Salvador hacia la dictadura. Por lo pronto, domina la Asamblea Legislativa, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Corte de Cuentas y el Tribunal Supremo Electoral. Militares y policías están de su lado. Pretende la reelección inmediata el año próximo, a pesar que la Constitución de 1983 lo prohíbe expresamente.
Después de haber “pactado” con líderes de las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18 (negociaciones desde cuando fue Alcalde de San Salvador) la disminución de la criminalidad, cuando los pandilleros reanudaron la violencia, un vengativo Bukele apeló al “régimen de excepción” de la Constitución de 1983 y, desde hace casi dos años, en El Salvador cualquiera puede ser detenido y encarcelado por militares o policías, sin orden judicial ni en flagrancia delictiva. Si fuiste pandillero o pareces pandillero, ¡para adentro!. Hay más setenta mil detenidos (no todos son pandilleros, obvio), varias muertes en prisión y Bukele ya puso en marcha los “juicios colectivos”, donde puedes ser juzgado y sentenciado colectivamente por delitos que sólo uno cometió. Atroz.
Bukele y su círculo son muy oscuros: varios ministros suyos son señalados por los Estados Unidos como “corruptos”. No hay transparencia: por ejemplo, nadie conoce cuánto costó construir la mega-cárcel para pandilleros que Bukele presume. A su vez, rehúsa capturar y extraditar hacia los Estados Unidos jefes pandilleros que la justicia estadounidense reclama. Bukele también ha despilfarrado miles de millones de dólares en su fantasía con las criptomonedas, aunque como El Salvador está dolarizado no puede hacer disparates económicos. No obstante, es un servil a los intereses de China. Para colmo, Bukele odia al periodismo independiente y muchos periodistas críticos debieron huir del país.
¿Este aspirante a “dictador bananero” es a quien admiran sectores “de derecha” en Perú?, ¿será que con esa idolatría al “dictador más guapo del mundo” (en palabras de Bukele) han abandonado toda creencia en la democracia, las instituciones y el imperio de la ley?.
Para quien
escribe Bukele es tan despreciable como su vecino de Nicaragua, el incestuoso y
pedófilo dictador “rojo” Daniel Ortega.
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