El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se ha metido en su enésimo enredo. Esta vez, gordo.
Inesperadamente, “se cargó” a su Ministro del Interior: un político y abogado “amoroso”, antiguo velasquista, a quien había nombrado quince días antes. A través de su cuenta en la red social Twitter, el “hombre sin sombrero” anunció intempestivamente que dos horas después juraría un nuevo Ministro del Interior. Minutos antes de conocer su remoción, el futuro removido dio una entrevista a un portal web de noticias, donde -una vez- defendió la inocencia del “hombre sin sombrero” ante los crecientes señalamientos de corrupción administrativa.
¿Por qué la remoción?. Todo parece indicar que el “hombre sin sombrero” estaba disgustado con el “abogado amoroso” por dos motivos: primero, firmó la resolución ministerial que conforma un equipo especial de inteligencia dentro de la Policía Nacional, que desde la Fiscalía de la Nación se le pidió. Este equipo, conformado por muy buenos policías, debía buscar y capturar a los sospechosos prófugos de la justicia. Por si no recuerda, ellos son el sobrino del “hombre sin sombrero”, su ex secretario general presidencial y su ex Ministro de Transportes y Comunicaciones. He ahí el segundo motivo: el “abogado amoroso” sí tenía toda la intención de buscar y capturar a esos individuos, con órdenes de detención preliminar, que pueden poner en serios aprietos judiciales al “hombre sin sombrero”.
Juró el nuevo Ministro del Interior en el Palacio de Gobierno: un policía retirado, de quien ya sabemos tiene antecedentes de investigación por ¡corrupción administrativa!. El “hombre sin sombrero” y su cogollo hediondo respiraron tranquilos. Pensaron que supieron hacerla. No contaron con que el “abogado amoroso” pasaría dos días seguidos recorriendo cuánto estudio de televisión y cabina de radio pudo denunciando su remoción. Hoy ya no cree en la inocencia de su antiguo jefe. Como un dragón de la mitología china, ha escupido fuego por doquier. Al “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros le llamó “pobre diablo”. Al Ministro de Cultura, el Ministro de Justicia y Derechos Humanos y el Ministro de Defensa (un trío de lambiscones) los tildó de “tres chiflados”.
El nuevo Ministro del Interior se apresuró a decir que el nuevo equipo policial no será desactivado sino “repotenciado”: un eufemismo para decir que se lo “cargarán”. No obstante, el escándalo político ha sido mayor al imaginado en el Palacio de Gobierno. La Fiscal de la Nación no ha perdido tiempo, citó al “abogado amoroso” y abrió investigación preliminar (otra más) contra el “hombre sin sombrero” por el delito contra la administración de justicia en la modalidad de encubrimiento personal.
Ahí no queda la cosa. En el Congreso, pese a reparos y pretextos de las facciones de izquierda radical, la oposición “de derecha” y “centrista” habla a viva voz de una tercera moción de destitución presidencial por “incapacidad moral permanente”. Como existe la evidente barrera numérica, no se descarta la “suspensión”. Afuera, gremios empresariales y asociaciones civiles emitieron sendos comunicados pidiendo la renuncia del “hombre sin sombrero” y nuevas elecciones generales. Pese a la virulencia de los troles “gobierneros”, en las redes sociales se clama el final de esta pesadilla y se llama a protestar el 28 de julio, feriado patrio.
Agobiada
por problemas económicos y sociales, la gran mayoría de la ciudadanía -según
encuestas de opinión- está harta del “hombre sin sombrero” y quiere que se
vaya. Muy pronto descubrirá (creo todos descubriremos) el costo por cumplir ese
deseo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario