Locos por la bicameralidad

 

Recientemente, sucedió en el Congreso un hecho poquísimas veces visto desde el retorno a la democracia en 2001.

El año pasado la Cámara había votado un proyecto de reforma constitucional para restituir la bicameralidad parlamentaria. Como aquella ocasión no hubo 87 congresistas que votaran a favor, como exige la Constitución de 1993 para omitir el referéndum ratificatorio, fue aprobada una “reconsideración” de la votación, que hasta casi un año después no se había realizado.

La propuesta no es mala: un Senado con sesenta integrantes y una Cámara de Diputados con ciento treinta, un esquema de “bicameralismo imperfecto” (dos cámaras legislativas con funciones específicas) y la posibilidad que un senador pueda ser después diputado o viceversa. Sin embargo, el problema no es el proyecto de reforma constitucional.

Al ponerse en agenda, la Cámara volvió a votar la bicameralidad y 86 congresistas votaron a favor, 35 en contra y 9 se abstuvieron. Quienes impulsan la propuesta, las bancadas “de derecha” más varios “centristas”, se quedaron “por un pelo”. De ahí la entendible desesperación de algunos, como la congresista María del Carmen Alva, quien quedó retratada por fotógrafos y camarógrafos. Entonces se pidió una nueva “reconsideración”, que requiere mayoría simple, y fue aprobada. Antes la Cámara había rechazado una cuestión previa para que el proyecto retornase a la Comisión de Constitución y Reglamento. Por tanto, en el Congreso continúa el debate sobre la bicameralidad. Si sus impulsores siguen sin obtener la votación necesaria para evitar el referéndum, pueden pedir otra “reconsideración” y así hasta que crezcan palmeras en la Antártida.

Asombra el afán de una mayoría casi absoluta de congresistas por aprobar la bicameralidad. Incluso “torciendo” la Constitución de 1993 como estropajo. Primero, porque -insisto- el Congreso no puede “cargarse” la voluntad popular libremente expresada en el Referéndum de 2018 cuando 90.5% votó NO frente a 9.4% que votó SI, porcentaje último dentro del cual me incluyo. La consulta popular no fue sobre tal o cual proyecto sino sobre el concepto de bicameralidad. Segundo, porque es inconcebible (quizá no tanto) que sectores “de derecha” más varios “centristas” carezcan de la “lectura política” sobre la realidad nacional para percatarse que esta propuesta de reforma constitucional es tardía.

La Constitución de 1993, como pacto regulador de las relaciones entre sociedad y autoridad y dentro de la misma sociedad, está “muerta”. Por desgracia, ha aumentado mucho entre la ciudadanía la “des-legitimación” de aquel texto. Está “muerta” también, porque quienes debieran defenderla integralmente en letra y espíritu no lo hacen, sólo se limitan a defender las disposiciones que les gustan o interesan.  

Corremos el altísimo riesgo que en las próximas elecciones generales surja un candidato presidencial populista, pero pragmático, quien astutamente haga campaña prometiendo un proceso constituyente para “transformar las instituciones”, empezando con el “Congreso corrupto”.

Todos están avisados.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores