Cuidado con los monstruos

 

Friedrich Nietzsche fue un famoso intelectual decimonónico de origen alemán, cuya influencia en el devenir filosófico de los siglos XX y XXI es innegable.

Nietzsche fue un crítico de la cultura, la religión y los valores occidentales y un analista de las actitudes morales hacia la vida. Entre las diferentes reflexiones, Nietzsche concluyó una: quien lucha contra monstruos debe evitar convertirse en uno de ellos. ¿Por qué esta reflexión?.

En la guerra político-ideológica contra el “monstruo izquierdista” encarnado en la soberbia y ensimismada “progresía” limeña (esas elites políticas, intelectuales, periodísticas, artísticas, etc.), los sectores "de derecha" en el Gobierno nacional, el Congreso, los medios de comunicación y las redes sociales se están convirtiendo en auténticos monstruos.

Resueltos a “limpiar” de influencia izquierdista la democracia restaurada en 2001, los sectores “de derecha” la están desmantelando. Decididos a “corregir” arbitrariedades y abusos que el Ministerio Público y el Poder Judicial cometieron en la lucha anticorrupción entorno al “escándalo Odebrecht” y la “operación Lava Jato”, los sectores “de derecha” están fomentando el crimen organizado. Persuadidos que harán “justicia” a aquellos militares condenados o procesados penales, porque violaron derechos humanos y cometieron crímenes de lesa humanidad en la lucha antiterrorista de las décadas de 1980 y 1990, los sectores “de derecha” están defendiendo a quienes mancharon el uniforme patrio asesinando, torturando o ultrajando, además beneficiando a unos terroristas comunistas cuyas bestialidades sólo tuvieron comparación mundial con la Camboya de los Khmers Rouges en la década de 1970.

Convencidos que “nos rescatan” como país frente a las siniestras “fuerzas globalistas” contrarias a la vida, la familia y el orden, los sectores “de derecha” están logrando que gran parte de la ciudadanía los rechace y más de uno los odiemos. Determinados a pelear una “batalla cultural” contra el izquierdismo, mienten sin parar, muestran sus mentes ignorantes y presumen sus espíritus de energúmenos. No creen en las instituciones y el imperio de la ley sino en las botas y el oro. No creen en el mercado sino en los negocios. No creen en la libertad sino en el poder.

Mediante esa reflexión de Nietzsche podemos entender que la Presidenta de la República y el Presidente del Congreso envíen una infame carta conjunta (no fue firmada por el Fiscal de la Nación interino ni por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia) a la Corte Interamericana de Derechos Humanos alegando “nuestra soberanía” en materia de derechos humanos o crímenes de lesa humanidad y hasta quejándose del término jurídico “conflicto armado interno”. Así podemos entender que el Alcalde de Lima falte a su palabra y “joda” al concesionario ferroviario encargado de construir y operar la Línea 2 del Metro de Lima, al mismo tiempo que “fastidie la vida” a los vendedores de emolientes en el Centro Histórico.

Que Dios salve a Perú frente a los monstruos que nos iban a salvar de otros monstruos.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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