La izquierda radical puede cambiar de táctica, puede cambiar de estrategia, pero nunca cambia su objetivo central: la toma del poder total.
Recientemente, la izquierda radical en el Congreso ha sido protagonista de dos importantes decisiones: la elección del nuevo Defensor del Pueblo y el rechazo de las acusaciones constitucionales contra los congresistas popularmente apodados “los niños”.
Primero, después de la selección, la comisión especial para la elección del nuevo Defensor del Pueblo escogió dos postulantes: uno de ellos es un abogado natural de Huánuco, congresista entre 2011 y 2016, asesor parlamentario “rojo”, profesional con escasos pergaminos académicos y defensor legal del ex corrupto presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, amo y señor de la principal bancada de izquierda radical. Por este postulante votaron casi en bloque todas las bancadas de izquierda radical más varios congresistas “centristas”. Sin embargo, los votos decisivos provinieron de una de las bancadas “de derecha”: el fujimorismo.
Segunda decisión: la Cámara votaba la acusación constitucional contra los congresistas “centristas” apodados “los niños” por la complicidad más delictiva que política con el gobierno de Pedro Castillo hasta el 07 de diciembre del año pasado. La Fiscal de la Nación había solicitado al Congreso tramitar la acusación para proceder a abrirles investigación preparatoria. La Comisión Permanente aprobó las acusaciones, pero la Cámara las denegó. “Los niños” se salvaron por la votación cerrada de casi toda la izquierda radical más algunos con “cola que les pisen”. ¿Qué ganaba la izquierda radical defendiendo a “los niños”?.
Estas decisiones han caído muy mal en la opinión pública y los grandes medios de comunicación las han criticado duramente. Es probable que se ahonde más el desprestigio del Congreso ante la ciudadanía y he ahí la clave: “rojos” y “rojimios” saben bien que la gente no suele distinguir entre los congresistas que votaron a favor o en contra. Todos serán mezclados con la mayoría circunstancial y muchísimos ciudadanos (hombres y mujeres) reforzarán su percepción que el Congreso no es más que un “antro” de “corruptelas” y “componendas”.
Bajo ese ambiente, ¿qué sucedería si en las próximas elecciones generales un candidato presidencial “populista” no presenta lista parlamentaria y promete un proceso constituyente para “transformar las instituciones” comenzando con el detestado Congreso?. Lo he manifestado antes: un candidato así tendría grandes chances de ganar los comicios. Creo entre la izquierda radical hay el convencimiento que la decadencia del Congreso es la llave para activar el proceso constituyente, pero ésta no considera que carga con la pesada mochila de su respaldo a Castillo, hecho por el cual inevitablemente será castigada en las ánforas.
Creo que el
mentado candidato sí llegará y, con su popularidad al tope, conseguirá activar
un proceso constituyente para, primero, “cargarse” el Congreso. Si llegase ese
momento, casi nadie moverá un dedo para impedirlo.
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