¿Para qué vino Edmundo González Urrutia?

 

El ex diplomático venezolano Edmundo González Urrutia vino a Perú tras haber pasado por Ecuador.

González Urrutia es el ganador de los comicios presidenciales convocados en Venezuela a mediados del año pasado (así lo demuestran las evidencias presentadas al mundo por la oposición democrática), pero la dictadura de Nicolás Maduro se las robó mediante un nauseabundo fraude electoral. González Urrutia debía juramentarse el 10 de enero ante la Asamblea Nacional en Caracas, pero Maduro y los gerifaltes de la dictadura no le permitieron volver a Venezuela. Desde agosto del año pasado, González Urrutia está exiliado en España, pero en el último mes ha realizado una gira por varios países latinoamericanos y los Estados Unidos para recabar apoyo internacional a la causa democrática venezolana.

González Urrutia vino a Lima buscando apoyo político. Para eso se reunió en el Palacio de Gobierno con la Presidenta de la República, el Ministro de Relaciones Exteriores y otros funcionarios del Gobierno nacional. También fue al Palacio Metropolitano para una condecoración del Alcalde de Lima y al Palacio Legislativo para una condecoración del Congreso otorgada por la Mesa Directiva. Finalmente, se reunió con manifestantes venezolanos congregados en la Plaza San Martín. De más está señalar que las facciones de izquierda radical, dentro y fuera del Congreso, alineadas con la dictadura venezolana, rechazaron la visita de Gonzáles Urrutia.

Personalmente, la gira de González Urrutia posterior al 10 de enero se ve absurda. Sólo las personas ingenuas o desconocedoras de la naturaleza de la política podían creer que Gonzáles Urrutia iba a asumir el poder en Venezuela o pueden creer ahora que el ex diplomático asumirá más adelante el poder. Por desgracia, si González Urrutia se ha convertido en un errante por el mundo, es culpa de la estrategia política sobreestimada y la dialéctica política limitada de la ex diputada y lideresa opositora María Corina Machado, mujer valiente y corajuda, pero quien ya no sabe cómo forzar la caída de la dictadura.

Cuando Gonzáles Urrutia vino a Perú, realmente, estaba entrando a un “pozo de caimanes”. Con excepciones, por supuesto, pero la Presidenta de la República ni a su repudiado Gobierno le interesan Venezuela. Tampoco al egocéntrico Alcalde de Lima, preocupado por subir la intención de voto de su futura candidatura presidencial y senatorial para las elecciones generales del año siguiente (por eso había invitado antes a un streamer estadounidense) ni menos a los políticos del impopular e “ilegítimo” Congreso, cuya putrefacción está carcomiendo aceleradamente la democracia restaurada en 2001. Todos ellos tenían más que ganar con la visita de Gonzáles Urrutia que el propio ex diplomático. En otras palabras, lo han utilizado para “lavarse la imagen”. Al menos, la izquierda radical ha sido más auténtica.

Si Gonzáles Urrutia y Machado buscan apoyo político para la causa democrática en Venezuela, no la busquen entre quienes se proclaman demócratas sino entre quienes actúan como demócratas.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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