Un dejavú llamado Keiko F. ("ESPECIAL")

 

Doña Keiko F., ex congresista, hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori y lideresa del fujimorismo, reapareció.

En un video publicado a través de su cuenta de la red social Facebook, Doña Keiko quiso mostrarse enérgica y exigió a la Presidenta de la República que recomponga su gabinete ministerial. Simultáneamente, el ex congresista Luis Galarreta, perteneciente al entorno político de Doña Keiko, insinuó que ella podría volver a ser candidata presidencial en 2026. A su vez, el congresista Hernando Guerra García dijo esperar que Doña Keiko reconsideré la decisión tomada hace dos de no volver a postular, porque ella es una “candidata preparada”.

Exceptuando para sus seguidores fieles, Doña Keiko ya no es una política que inspire respeto. Se ha convertido en un “hazmerreir”: mucha gente bromea que, si ella compitiese en un balotaje presidencial con, por ejemplo, el pollo imagen del restaurante Pio's Chicken, el muñeco de dunlopillo ganaría.

En 2011 fue la primera postulación presidencial de Doña Keiko. Aunque mostraba mayor elocuencia o dominio de escena que su contrincante del balotaje, carecía de experiencia y su discurso era “pesado”: aún cargaba con la pesada mochila de su padre. Su rival, con una campaña electoral anterior, fue capaz de renovar su imagen y moderar su discurso. Por eso le ganó.

Evidentemente, para 2016 Doña Keiko se esmeró. Buscó librarse del legado negativo de su padre rodeándose de nuevos colaboradores, reclutando candidatos parlamentarios sin mayor pasado político, renovó su imagen y moderó su discurso. Ella es una candidata aplicada cuando recibe instrucciones de los asesores de campaña: escucha y obedece. Sin embargo, esos asesores no pudieron -o ni intentaron- librarla del pecado capital de la soberbia. Doña Keiko creyó sinceramente que tenía la elección ganada y hasta una semana antes del día de la votación parecía que sí, pero cometió una seguidilla de errores que la llevaron a la derrota.

Sentir que la victoria se le escapó “por un pelo” afectó emocionalmente a Doña Keiko: por eso su dificultad para aceptar la derrota. Encima el resentimiento hacia su contrincante ganador creció alimentado por oportunistas y sinvergüenzas de su cogollo, quienes día y noche le repetían que ella “merecía ganar”, que “le robaron la elección”. Toda esa patraña abriría las puertas del poder a un psicópata oriundo de Moquegua, que “se cargaría” el país entero.

Para 2021 Doña Keiko era la candidata perfecta para vencerla, pero una vez más se esmeró y la experiencia de dos campañas electorales le ayudó. Ella, nadie más, podía disputar voto a voto el triunfo al contrincante, por lo que no puede descartarse el falseamiento de la voluntad popular expresada en las ánforas. No obstante, como aquella fábula sobre el niño que gritaba lobo, lobo, para bromear y cuando el lobo apareció nadie le creía, si Doña Keiko, Doña Keiko, denunciaba “irregularidades” en los comicios, mucha gente no iba a creerle. Para colmo, en vez de “defender el voto” políticamente, pateó el estómago de sus votantes aceptando sumisa su derrota.

Entonces, ¿para qué postularía Doña Keiko, otra vez?. Para que personajes siniestros como Galarreta puedan postular al Congreso, porque Doña Keiko sí es buena “locomotora” para jalar las listas parlamentarias.

Doña Keiko, hágale un último servicio a la nación y deje la política para siempre.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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