¿Por qué fracasará la bicameralidad? ("ESPECIAL")

 

Exceptuando una minúscula minoría, nadie en Perú aprueba al impopular e “ilegítimo” Congreso.

Sin embargo, muchos políticos, periodistas, académicos y líderes de opinión pública se están esperanzando en el Congreso que saldrá de las elecciones generales del próximo, el cual será bicameral. “¡Menos mal que habrá bicameralidad!”, “¡por fortuna, tendremos Senado!” y una sarta de frases provenientes de buenos deseos antes que del análisis político.

No olvidemos que el putrefacto Congreso “se cargó” la voluntad popular libremente expresada en el Referéndum de 2018 mediante el cual más de 90% de votos válidos dijeron NO a la bicameralidad. Quien escribe estuvo entre el 9% que votó SI. Por razones antes manifestadas, el Congreso se ha convertido en “ilegítimo” cuando aprobó la reforma a la Constitución de 1993 que convirtió en “espuria” la Cámara y volvió viciado el procedimiento legislativo.

De acuerdo a las circunstancias y el contexto para la aprobación de la reforma sobre la bicameralidad, no hay nada que haga suponer que el Senado y la Cámara de Diputados funcionarán bien. Me atrevo a afirmar que la bicameralidad será un fracaso rotundo. ¿Por qué?.

Desde el retorno a la democracia en 2001 el Congreso unicameral se había caracterizado por aprobar muchas leyes que, después, eran observadas por el Poder Ejecutivo y devueltas a la Cámara. En la mayoría de casos, la Cámara acogía las observaciones y votaba reformular la ley. También había casos cuando el Congreso no acogía las observaciones, pero el Poder Ejecutivo recurría al Tribunal Constitucional. En estas situaciones, el gabinete ministerial o los magistrados constitucionales actuaban como una “segunda cámara” o “cámara reflexiva”.

Sin embargo, desde 2016 la dinámica parlamentaria comenzó a cambiar. La Cámara casi no se allana a las observaciones del Poder Ejecutivo e insiste, porque no hay requisitos extras para insistir con una ley y si existe el número suficiente para insistir, se insistirá. ¿Por qué? Fácil: los congresistas saben todo de todo, nunca se equivocan y siempre los guía el “fin superior”. Por desgracia, el Tribunal Constitucional se ha politizado y ya no hay certeza que falle defendiendo la Constitución de 1993.

¿Qué sucederá cuando los diputados aprueban una ley que los senadores rechacen después o éstos se nieguen a votarla?, ¿qué sucederá cuando los diputados no estén de acuerdo con las resoluciones aprobadas por los senadores?, ¿qué sucederá cuando los diputados sientan que los senadores los "menosprecian" dentro del proceso parlamentario?. A causa de un “mamarracho” de reforma constitucional, los senadores terminarán peleándose con los diputados para ejercer el enorme poder político que el Congreso ha acumulado en los últimos años pervirtiendo el diseño institucional.

Tengamos presente que el siguiente Congreso encarna todo lo que la gran mayoría de la ciudadanía repudia: bicameral, con reelección inmediata, inmunizado y extremadamente oneroso. Sólo hay buenos deseos que se los llevará el viento.

Post data: es gravísimo que el Presidente del Consejo de Ministros telefoneé a la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia para interferir en una audiencia judicial. Si este grosero sujeto tuviese sangre en el rostro, hace rato debió haber renunciado.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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