Hijos de Poncio Pilatos

 

A un año de mandato, aumenta el clamor generalizado entre la ciudadanía para que el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se vaya.

A través de los medios de comunicación, políticos, empresarios, intelectuales, periodistas y otros hablan que el Perú no puede continuar así: un Gobierno que no gobierna en un contexto de crisis económica, inseguridad ciudadana y agitación política. La entrega del ex secretario general presidencial Bruno Pacheco, partícipe en las múltiples denuncias por corrupción administrativa, cuyo actor central es el “hombre sin sombrero”, al Ministerio Público y el Poder Judicial, con la posibilidad que demás prófugos puedan entregarse, incrementan las expectativas de una pronta caída. Según todas las encuestas de opinión, la gran mayoría de la ciudadanía sondeada quiere que el “hombre sin sombrero” se vaya.

En la opinión pública, refiriéndome a esos personajes con mayor o menor influencia en la sociedad, hay quienes piden -de frente- al “hombre sin sombrero” su renuncia. Aparentemente, él no tiene intención de renunciar, pero creo desde el inicio que caerá, no por renuncia voluntaria sino obligada. Entre esos personajes, sobre todo abogados, empieza a surgir la idea que la Fiscal de la Nación solicite a la Corte Suprema de Justicia la “suspensión” del “hombre sin sombrero” en la Presidencia de la República. Esa acción no está contemplada en la Constitución de 1993, pero es una teoría jurídica que puede apoyarse en otras normas de rango superior.

Ambos grupos de personajes son minoría en la opinión pública. El resto repite, repite y repite que la solución política está en manos del Congreso: destitución por incapacidad moral permanente, reforma constitucional para adelantar las elecciones generales, etc. Repiten, repiten y repiten que, si el “hombre sin sombrero” sigue en el poder, es culpa del Congreso, como si 130 congresistas de distintas tendencias políticas fueron todos igualitos, pensaran igualito, votaran igualito y actuaran igualito. En realidad, es un pretexto más para atacar al Congreso, pregonar “Que se vayan todos” y ganarse aplausos.

¡Hipócritas!, porque muchísimos de esos personajes en noviembre del año 2020 aparecían en televisión, radio, prensa escrita o redes sociales alentando las violentas protestas callejeras en el Centro de Lima, que se “cargaron” el gobierno de Manuel Merino. ¡Hipócritas con mayúscula!, porque entonces no los vi, oí o leí decir que todo estaba “en manos del Congreso” sino arengar frenéticamente “renuncia”, “renuncia”, “renuncia” y convocar marchas o cacerolazos.

¿Por qué esos mismos personajes (como la siniestra abogada Rosa María Palacios) no aparecen ahora, todos esquizofrénicos como en 2020, gritando “renuncia”, “renuncia”, “renuncia”, y convocando marchas o cacerolazos?, ¿por qué ahora dejan la caída del “hombre sin sombrero” en “manos del Congreso”?, ¿será porque muchos de ellos pidieron el voto por el “hombre sin sombrero” cuando vestía sombrero en las elecciones generales del año pasado y hoy “se lavan las manos”?.

HIPOCRITAS.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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