Vi la entrevista del periodista Mario Ghibellini al precandidato presidencial Phillip Butters. La entrevista fue en la televisora privada de señal cerrada Canal N.
Ghibellini trató de centrar la entrevista en las diferencias y las similitudes entre Butters y los demás postulantes presidenciales en los sectores “de derecha”. Quería definiciones ideológicas en economía, política o temas valóricos. Cabe resaltar que Ghibellini se considera un liberal clásico. En la década de 1980 participó en el movimiento Libertad, que lideraba el escritor Mario Vargas Llosa. Apoyó la candidatura presidencial de Vargas Llosa en las elecciones generales de 1990.
Ghibellini preguntó a Butters por la petrolera estatal PETROPERU, que está quebrada y hasta el final el gobierno de Dina Boluarte la rescató financieramente (el Gobierno interino echó al inepto presidente de la petrolera estatal) y el precandidato presidencial se deshizo en críticas a la empresa y el gasto público devenido. Cuando Ghibellini preguntó a Butters qué haría con PETROPERU, el precandidato dijo -con la boca medio abierta- que “la vendería a quién desea comprarla”. Ghibellini repreguntó si la privatizaría, pero Butters dijo que “vendería lo que se pueda”. No fue capaz de vocalizar la palabra “privatización”.
Desde 2014 cuando el gobierno de Ollanta Humala embarcó a PETROPERU en el proyecto de modernización de la refinería de Talara, que resultó costosísimo, los sectores “de derecha” no han hecho más que criticar. Ni una sola vez propusieron la privatización o la capitalización (permitida legalmente) de PETROPERU ni de ninguna otra empresa estatal. ¿Por qué?.
En Perú el término “privatización” empezó a usarse en la década de 1980 cuando el gobierno de Acción Popular encargó elaborar una lista de las empresas estatales a venderse. Al final, no se vendió ninguna. Para la campaña electoral de 1990, Vargas Llosa y la alianza electoral FREDEMO tenían un ambicioso plan de privatizaciones buscando no sólo reducir el abultado déficit fiscal de entonces y atraer inversión privada sino “crear propietarios” con el accionariado de las empresas estatales entre los peruanos más pobres, que después serían vendidas.
Las privatizaciones en la década de 1990 tuvieron otra lógica: reducir drásticamente el gasto público y atraer flujo de capitales. Por eso no siempre estuvieron asociadas a las nociones de libre mercado o competencia. Quedó en la ciudadanía la percepción que no todas las privatizaciones fueron buenas. Por eso cuando en 2002 el gobierno de Alejandro Toledo quiso privatizar dos generadoras eléctricas estatales en Arequipa, la izquierda radical y políticos demagogos provocaran hechos de conmoción interior en la ciudad y se retrocedió en la decisión de privatizar.
Si los
sectores “de derecha” se creen tan valientes (así lo ha expresado el
congresista Alejandro Muñante), ¿por qué no hablan abiertamente de
privatización?, ¿por qué sus voceros políticos tienen miedo de verbalizar esa
palabra?. ¿Acaso, en el fondo, además de mercantilistas son “estatistas”?. ¡Ya
pues!
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