Hace un par de meses supimos sobre una noticia política curiosa: el ex mayor Antauro Humala se alía con la izquierda radical.
“Antaurito” (¡cómo me encanta llamarlo así!), quien estuvo preso por el asesinato de cuatro policías en la fallida asonada de Andahuaylas en 2005, se alió, pactó o se unió a una facción de la izquierda radical liderada por el congresista Roberto Sánchez, quien fue Ministro de Comercio Exterior y Turismo durante el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo.
Aunque Sánchez ha defendido la cercanía con “Antaurito”, políticos “rojos” próximos a él, como la congresista Sigrid Bazán (otrora vacacionista en las carísimas islas Maldivas), no. Incluso Bazán se quejó públicamente que en las redes sociales su bancada parlamentaria es tildada de “antaurista”.
Quien está detrás de esta alianza, este pacto o esta unión entre “Antaurito” y una facción de la izquierda radical sería su hermano mayor, el conocido ingeniero Ulises Humala. Según información pública, Ulises, quien se considera muy listo, estaría asesorando a “Antaurito” en materia económica, pero más parece su estratega político. A partir de la experiencia en las elecciones generales de 2011 y 2021, Ulises cree que, si “Antaurito” llegase a la segunda vuelta electoral presidencial, toda la izquierda radical y hasta la soberbia y ensimismada “progresía” limeña le apoyaría.
Adicionalmente, como complemento de su estrategia política, Ulises estaría ordenando que gente vinculada a “Antaurito” presente tachas y tachas ante el Jurado Nacional de Elecciones a cuánta nueva inscripción partidaria o de alianzas esté pendiente de aprobación o haya sido aprobada.
No obstante, Ulises comete tres errores garrafales en su estrategia política: primero, creer en la lealtad y el desinterés de los sectores “de izquierda” peruanos. Si algo los ha caracterizado siempre en el pasado, es el oportunismo y la traición. El segundo error: con esa alianza, ese pacto o esa unión, “Antaurito” se ha vuelto “parte del sistema”. Tú no puedes tener un discurso anti-establishment político y, al mismo tiempo, tener cerca a políticos del establishment. Más temprano que tarde esas contradicciones pasan factura en una campaña electoral. El tercer error: innecesariamente, “Antaurito” se está ganado enemigos políticos, que después le cobrarán venganza.
El principal problema para “Antaurito” (aparte de él mismo, obvio) es comportarse como si tuviera la elección asegurada. En este momento, él es nada (cien personas en una plaza pública no equivalen a cien votos) y será nada junto a otros futuros candidatos presidenciales con predica política rupturista.
Ganará las elecciones el candidato presidencial (el futuro caudillo, a mi juicio) que sepa aprovecharse de las emociones y los sentimientos de las masas: jugar con el amor y el odio. También explotar la rabia, la frustración y el resentimiento del presente y, al mismo tiempo, ofrecer esperanza e ilusión por el futuro. Alguien que entusiasme más que convenza.
Como dicen los españoles, por allí van los tiros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario