Descontando algunos, en los sectores “de derecha” oyen la palabra “constituyente” y parece que les ha picado una culebra.
Ya sabemos lo que quiere la izquierda radical: la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso, elecciones generales inmediatas y un referéndum para iniciar el proceso constituyente, que termine con una nueva Constitución. Sin embargo, ¿por qué el desmesurado temor, casi el pánico de los sectores "de derecha"?.
Partamos de una premisa política: nadie pide un referéndum para perderlo. La izquierda radical quiere un referéndum constituyente, porque “rojos” y “rojimios” están convencidos que pueden ganarlo. ¿Por qué?. Simple: los sectores “de derecha” no quiere pelear. Creen, de antemano, que esa consulta popular la perderían.
Paradójicamente, los sectores “de derecha” alegan que la gran mayoría de la ciudadanía no quiere un proceso constituyente ni una nueva Constitución. Quizá sea cierto, pero lo que debieran preguntarse es si esa gran mayoría está dispuesta a defender la Constitución de 1993. Creo no están seguros. Por eso recurren a un sinnúmero de pretexto (varios válidos, otros no tanto) para rechazar el referéndum constituyente.
Por desgracia, los sectores “de derecha” no saben qué defienden. Intentan falsear la historia para presentar la Constitución de 1993 como la “octava maravilla”, ignorando el cuestionamiento a la “legitimidad de origen” (cualquier investigador acucioso en una hemeroteca lo sabría), cuando debieran centrarse en hechos inobjetables: con ese texto se hizo la transición hacia la democracia entre los años 2000 y 2001 y bajo aquél se rigieron los gobiernos de Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczysnki. También los gobiernos de Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti e, inclusive, Pedro Castillo. Debieran defender la bien ganada “legitimidad de ejercicio”, pero los sectores “de derecha” no lo hacen.
En vez de dar pelea política, los sectores “de derecha” se atrincheran. “¡El título económico es innegociable!”, grita alguno que otro. No hay intención de hacer un trabajo político y didáctico para demostrar que existe una continuidad entre la Constitución de 1993 y la Constitución de 1979 y ambas con nuestra historia constitucional. No, los sectores “de derecha” actúan como si hubieran sido vencidos y se empecinan en desconocer que siempre ha existido el cuestionamiento a la “legitimidad de origen”. Tampoco ven que el cuestionamiento a la “legitimidad de ejercicio” se ha acrecentado en los últimos años. Especialmente, desde que el discurso de “lucha de clases” de la izquierda radical se ha materializado en la Constitución de 1993 y quienes la rechazan creen (se equivocan) luchar idealistamente contra algo que sólo beneficia a “los ricos, los empresarios, los extranjeros y los limeños”.
Si los
sectores “de derecha” rehúsan pelear y quitarle a la izquierda radical sus
banderas del referéndum constituyente o la nueva Constitución, no se quejen
cuando el inevitable cambio de ciclo político arrase con ellos.
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