Murió Jorge Bergoglio, el papa Francisco, jefe espiritual de la Iglesia Católica en todo el mundo.
Fallecido a los 88 años de edad, Francisco fue un personaje de formas antes que fondo. No era un intelectual y tuvo un perfil público más de activista político que hombre de fe. Por eso fue más querido fuera de la feligresía católica que dentro.
Más allá de haber asumido, en la etapa final, la lucha contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia Católica (disolvió el infame Sodalitium Christianae Vitae en Perú) y algunos cambios (mujeres en dicaterios de la Santa Sede, por ejemplo), el papado de Francisco fue malo. Quien escribe lo consideró un “herético”, pero es una valoración subjetiva.
Sin embargo, los hechos objetivos sobre Francisco no deben quedar ocultos tras su sonrisa de ancianito bonachón. Francisco recibió de manos del entonces “jefazo” boliviano Evo Morales un “crucifijo comunista” y el Santo Padre ni se turbó. Francisco tampoco tuvo reparos en viajar a Cuba (rehusó reunirse con la disidencia cubana, mayoritariamente, católica) y lavarle el rostro a la dictadura comunista. Negoció con los comunistas chinos una pequeña “tolerancia de culto” para el puñado de católicos en China, a condición que el Vaticano no denuncie las violaciones a los derechos humanos contra la minoría musulmana de la etnia uigur. No condenó los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. Tampoco condenó la invasión militar rusa a Ucrania y, solamente, al final condenó la persecución religiosa en Nicaragua. Por supuesto, una de las mayores canalladas de Francisco: “justificó” el atentado terrorista islamista contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo en 2015, donde fueron asesinadas doce personas.
Francisco viajó una sola vez a Perú. Fue a inicios de 2018, donde tuvo un cálido recibimiento popular. Estuvo en Lima, Trujillo y Puerto Maldonado. Habló sobre corrupción, injusticia y desigualdad. Para el contexto político en el cual una prepotente mayoría absoluta parlamentaria deseaba “cargarse” (meses después lo conseguiría) el débil gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, Francisco no se comprometió con nada. Trató de quedar bien con todos y no quedó bien con nadie. Por eso su fallecimiento no ha impacto sobremanera en la sociedad peruana, exceptuando la feligresía más devota. Por eso esa visita pasará a la Historia como intrascendente, excepto por haber sido la primera de un Sumo Pontífice a Perú desde 1988.
Más “peronista” que argentino, Francisco era -a ratos- defensor de la vida, pero casi nunca de la libertad y la propiedad. Creo que ni siquiera fue defensor del catolicismo. Prefirió hablar de cambio climático o los derechos LGTBIQ+, en vez de la creciente apostasía contemporánea. Por eso son “rojos” y “rojimios” en todo el mundo, ateos o agnósticos, los más dolidos por esta muerte.
Francisco
no ha dejado a la Iglesia Católica en mejor posición que cuando asumió el trono
de San Pedro en 2013. Espero que su sucesor enmiende rumbos por el bien de los
miles de millones de católicos en la Tierra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario