Los sectores “de derecha” siguen subestimando el ánimo popular, los sentimientos de la ciudadanía.
Fantasean que la campaña electoral del próximo año será “tranquila”: no habrá sorpresas ni sobresaltos y ganará un candidato presidencial (lo siento, pero ninguna mujer tiene chance alguno de ganar) del establishment político y el status quo se mantendrá. Por desgracia, los sectores “de derecha” están muy equivocados y muy pronto lo descubrirán.
Excepto que haya un “estallido social” en las calles (aún no se puede descartar), toda la desilusión, la rabia y la frustración de la gran mayoría de peruanos y peruanas se expresará en las ánforas el día de la votación. Quizá las encuestas de intención de voto lo anticipen semanas o, incluso, meses antes, pero el acto comicial será crucial. Evocando versículos de la Biblia, ahí veremos u oiremos el llanto y el rechinar de dientes de quienes hoy están muy confiados.
¿Hay tanta desilusión, tanta rabia y tanta frustración contenidas en la sociedad peruana?. Sí. En primer lugar, contra toda la dirigencia política comenzando con la repudiada Presidenta de la República y su desacreditado Gobierno, además del impopular e “ilegítimo” Congreso. También contra los gobiernos regionales y locales, unos nidos de venalidad e incompetencia. Por supuesto, contra todos los partidos y movimientos políticos. El candidato presidencial que coja mejor la bandera anti-establishment político recibirá millones de votos.
También hay mucho enojo contra la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990, porque representan una promesa nacional de prosperidad y progreso que se frustró, inicialmente, con el “escándalo Odebrecht” a partir de 2015 y, después, con la pandemia viral COVID-19 en 2020. Las elecciones generales de 2021 fueron una primera alerta, del cual poca gente en la política, el empresariado y los medios de comunicación se enteraron.
A su vez, hay mucha furia contra Lima, la otrora señorial Lima, la cual desde las provincias es vista como “ausente” o “indiferente” ante la problemática nacional. Este sentimiento anti-limeño fue avivado por el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, pero que se manifestó en las “conatos de revuelta” y los “focos insurreccionales” surgidos en distintas partes del país después de la intentona golpista del 07 de diciembre de 2022.
Finalmente, hay molestia colectiva mezclada con miedo por la inmigración venezolana, el aumento de la criminalidad organizada y la delincuencia común, la dificultad del Ministerio Público y el Poder Judicial para impartir justicia y la incertidumbre por el futuro del país.
Nuevamente, digo: todos estamos advertidos. Nadie diga después que no se le advirtió de adónde va Perú.
Post data: aunque el Padrón Electoral no está cerrado y puede
continuar siendo depurado, ¿nadie en el Registro Nacional de Identificación y
Estado Civil (RENIEC) asumirá las consecuencias por la reciente filtración de
datos personales que ensombrece la celebración de elecciones generales el
siguiente año?.
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