Resistencia

 

Las violentas protestas callejeras de la izquierda radical están alcanzando el cenit.

Tras bloquear calles o carreteras, destruir propiedad pública y privada, cometer saqueos y aterrorizar a la ciudadanía, turbas de izquierda radical de Puno, Madre de Dios, Cusco, Tacna, Arequipa, Ayacucho y Apurímac se desplazan en automóviles y minibuses hasta Lima. Necesitan venir a Lima, porque en provincias no han podido cumplir con su plataforma política maximalista e intransigente: la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso, la convocatoria inmediata a elecciones generales y el inicio de un proceso constituyente.

Este desplazamiento requiere logística y financiamiento. ¿De quién son los automóviles y minibuses que usan las turbas violentistas?, ¿quién les paga el combustible, la alimentación y el hospedaje?, ¿el narcotráfico o la minería ilegal?. Se calcula el arribo de cinco a siete mil personas hacia Lima, a quienes se les sumaría la izquierda radical en la ciudad.

Si nos limitamos al burdo discurso de “lucha de clases”, difundido por el gobierno de Pedro Castillo hasta el 07 de diciembre y movilizador de las masas, esos cinco a siete mil manifestantes no vienen a marchar pacíficamente por el Centro de Lima. No, vienen a ocasionar violencia. Vienen a provocar muertos. Si seguimos la lógica marxista, estamos en la “etapa pre-revolucionaria” y para “tomar el poder” es necesaria el caos, la destrucción, la muerte. No sin razón, las turbas de izquierda radical podrían atacar edificios públicos, asaltar e incendiar el Palacio Legislativo y llegar hasta la Plaza Mayor, cerca al Palacio de Gobierno. También asaltar centros comerciales y saquear supermercados o tiendas por departamentos. Incluso ir hasta el Callao para atacar el aeropuerto, porque así lo han hecho en otras ciudades.

El Gobierno nacional debe “hilar fino”. Se ha vuelto a decretar el Estado de Emergencia, por lo que están restringidas la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad domiciliaria y las libertades de tránsito y reunión. La Policía Nacional, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, pueden detener a todos los líderes de las turbas subversivas, sin orden judicial, y asegurarse que no haya posibilidad de atentar contra la propiedad pública o privada ni provocar muertos.

Concuerdo con el investigador del Centro Wiñaq, Franco Olcese: el futuro de las violentas protestas contra la Presidenta de la República se decidirá en Lima. Añado algo más: la llamada “toma de Lima” que alienta la izquierda radical está condenada al fracaso, porque Lima se ha convertido en el principal sostén político del Gobierno nacional. Lima era el sitio donde Castillo tenía el mayor rechazo popular y donde mejor se ven los fines nada reivindicativos de la izquierda radical. Más allá de grupúsculos "rojos" fanatizados, Lima no simpatiza con las turbas subversivas llegadas desde provincias. Si esos manifestantes desatan la violencia, mayor rechazo generarán hacia ellos por parte de los limeños.

Es tiempo de firmeza, inteligencia y serenidad. Es tiempo de resistencia.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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