El “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República se atrinchera.
Al final, no aceptó la renuncia al “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros. Creo no tenía otra opción. Un día antes publicó en su cuenta de la red social Twitter un mensaje llamando a los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil a reunirse con él para conformar un “gabinete de ancha base”. Nadie respondió a su llamado y no se les puede culpar. Escándalos políticos y denuncias por corrupción administrativa en el Gobierno nacional no cesan y el Ministerio Público y el Poder Judicial respiran sobre la nuca del “hombre sin sombrero”.
Entonces “parchó” el gabinete: quien estaba en el Ministerio de Cultura ha pasado a Trabajo y Promoción del Empleo. No importa donde esté, le necesita como mastín político. Al Ministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento lo ha pasado a Transportes y Comunicaciones. Es confiable para el “hombre sin sombrero”, no para el país. El nuevo Ministro de Economía y Finanzas llevaba años deseando el cargo. Es un macroeconomista “fiscalista”. No me sorprendería que pronto hable de subir impuestos para intentar bajar el déficit fiscal. El nuevo Ministro de Relaciones Exteriores es desconcertante: hasta el mes pasado este abogado en Derecho Internacional creía que el “hombre sin sombrero” es un mandatario “fraudulento” y ahora juramentó ante él. Por último, la nueva Ministra de Cultura, congresista, fue censurada hace tres meses por el Congreso como Ministra de Trabajo y Promoción del Empleo. De cultura no sabe nada, pero sí es una fanática defensora del “hombre sin sombrero”.
Al día siguiente, en la conmemoración oficial por la Batalla de Junín de 1824, el “hombre sin sombrero” atacó al Congreso acusando de “golpistas” a sus opositores que piden destituirlo, suspenderlo o inhabilitarlo. Dijo les tendía la mano “por última vez”, (jamás lo ha hecho) o, si no, él encabezará una “cruzada nacional” contra ellos. No tiene fuerza política ni respaldo militar para “cargarse” el Congreso, pero sí tiene a sus rondas campesinas, las turbas de izquierda radical y cuánto elemento lumpen pueda reclutar para anarquizar Lima, asaltar el Palacio Legislativo, golpear congresistas y aterrorizar a la gente. También se fue contra el empresariado amenazando con cobrarle supuestas “deudas históricas” en impuestos.
Por supuesto, las palabras más duras del “hombre sin sombrero” fueron contra los medios de comunicación. Dijo “no permitirá” más mentiras en “pasquines” y “titulares” para alejarlo de “su pueblo”. Ya no puedo ocultar el odio que siente por el periodismo crítico que expone todos los días cuán incompetente, corrompido e ideologizado es su Gobierno y cuán inmoral es él y hasta su familia. Tal vez el “hombre sin sombrero” fantasea cómo “cargarse” a los grandes medios de comunicación o, mínimo, ajustar cuentas con esos periodistas a quienes él responsabiliza de su negro presente y su sombrío futuro.
El
“hombre sin sombrero” sabe que se acerca la “batalla final” y parece más
dispuesto que nunca a “morir matando”.
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