Finalmente, el impopular e “ilegítimo” Congreso aprobó las enmiendas legales para la elección parlamentaria de 2026.
Aunque falta una segunda votación en la Cámara “espuria”, no está de más mencionar que todas estas normas son “nulas”, porque el proceso legislativo está “viciado”. Para quien escribe, el nuevo Congreso bicameral será parcialmente “ilegítimo” de origen, pero analicemos las enmiendas a la legislación electoral.
Imagine que la cédula de sufragio será una auténtica “sábana”: habría más treinta filas con denominaciones partidarias y sus respectivos símbolos, además de cinco columnas para votar. Hágase a la idea desde ahora: una columna para Presidente de la República, una segunda para senadores regionales, una tercera para senadores nacionales, una cuarta para diputados y una quinta para integrantes al Parlamento Andino. Las cuatro últimas columnas tendrán, por supuesto, dos casillas para votación preferencial.
Para que un partido o movimiento político obtenga escaños debe alcanzar el 5% de votación nacional (como hasta ahora), además de 5% de escaños en la respectiva cámara legislativa: mejor dicho, tres senadores o siete diputados. La Cámara de Diputados se elegirá con distrito múltiple, igual que la unicameralidad desde el retorno a la democracia en 2001. Un candidato presidencial puede arrastrar en votos sus listas de candidatos a diputaciones, como ha sucedido con los congresistas desde 2001.
Para el Senado, cuya mitad de escaños, aproximadamente, será elegida por distrito múltiple y el resto por distrito único nacional (en pocas palabras, Lima), la situación es compleja y hasta engorrosa. Muchos electores no podrán distinguir entre candidatos senatoriales “regionales” y candidatos senatoriales “nacionales”. Acá será muy complicado que un candidato presidencial pueda arrastrar en votos sus listas de candidatos senatoriales. Probablemente, un partido o movimiento político gane una mayoría de senadurías regionales y otro, una mayoría de senadurías nacionales. También es probable que en la Cámara de Diputados haya partidos o movimientos políticos que no estén en el Senado.
A su vez, el “putrefacto” Congreso permitirá que a las alianzas electorales no les exija más de 1% adicional para obtener escaños en cualquier cámara legislativa, al margen de la cantidad de partidos o movimientos políticos que las conformen. Hasta ahora era 1% por cada integrante de la alianza. No podemos descartar una alianza electoral de -por ejemplo- seis partidos o movimientos políticos que consigan senadurías o diputaciones y, una vez adentro del Congreso, se dividan. La probabilidad de una Cámara de Diputados atomizada y un Senado híper-atomizado es altísima. Ninguna garantía de gobernabilidad.
Aunque, por ahora, el Senado tendrá sesenta escaños y la Cámara de Diputados, ciento treinta, las enmiendas dejan al Jurado Nacional de Elecciones la facultad de aumentar el número de escaños para cada cámara, a partir de 2026, en base a la proporción de un elegido por cada ciento sesenta mil electores. Como el Padrón Electoral aumenta por la densidad poblacional, para cada elección parlamentaria habría más senadurías y más diputaciones.
Para quienes
aplaudieron que el Congreso “se cargase” la voluntad popular libremente expresada
en el Referéndum de 2018, ¡ahí tienen su añorada bicameralidad!. Una
bicameralidad endiablada.
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