Antes Alberto Fujimori, después X

 

El diario Perú21 publicó una reciente entrevista al abogado Fernán Altuve.

Altuve es un hombre “de derecha”, quien apoyó activamente la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990, pero aceptó -de buena gana- la transición hacia la democracia en los años 2000 y 2001. Aunque no es fujimorista declarado, tiene buenas relaciones con el fujimorismo.

En la entrevista, Altuve se pregunta a sí mismo, sin hallar respuesta, si la muerte de Fujimori es el final de una etapa política en Perú, pero sí está seguro que es el final de una etapa política para muchos simpatizantes del ex dictador, quienes le fueron leales a su recuerdo y, por eso, votaron en las elecciones generales de 2011, 2016 y 2021 por la candidatura presidencial de la hija mayor de Fujimori y ex congresista, Doña Keiko. No obstante, ahora ese simpatizante fujimorista no se sentiría, necesariamente, motivado a continuar respaldando a Doña Keiko y el fujimorismo, el cual -según Altuve- tiene poco de estrato popular.

El simpatizante fujimorista, el simpatizante de estrato popular (también parte del simpatizante de un estrato social “emergente”) ha tenido una característica permanente: la desideologización. Al final de cuentas, la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990 fue respaldada masivamente por quienes en la década de 1980 fueron las bases políticas y sociales del APRA y la alianza electoral Izquierda Unida. Ese simpatizante tiene rasgos definidos: es autoritario en lo político, intervencionista (populista) en lo económico y conservador en lo social.

Ese simpatizante valora la “mano dura” que “ponga orden” y si percibe (creo lo está percibiendo desde 2016) que Doña Keiko y su fujimorismo se han vuelto “elitistas”, muy establishment (el respaldo político a la impopular Presidenta de la República y su desacreditado Gobierno les saldrá electoralmente carísimo), muy politiquería, por más recuerdo grato que puedan tener del ex dictador Alberto Fujimori, buscarán un nuevo caudillo político y lo apoyarán entusiastamente. Así será el final del fujimorismo. Sucedió antes en la historia peruana: la dictadura del general Manuel Odría entre 1948 y 1956 tuvo un significativo respaldo popular y grato recuerdo entre sus simpatizantes por muchos años (hasta la aparición de Fujimori), pero los herederos políticos de Odría (empezando por su viuda) obtenían poquísima votación en sucesivos comicios libres (Odría falleció en 1974 y el recuerdo de su dictadura se desvanecía) hasta que desaparecieron en las elecciones generales de 1990.

Semanas atrás el diario La República publicó una entrevista del periodista Enrique Patriau al politólogo José Alejandro Godoy, quien en los últimos años publicó un par de libros sobre el ex dictador y su familia. Cuando Patriau preguntó a Godoy si cree que en el futuro surgirá un caudillo parecido a Fujimori, pero que no tenga el apellido Fujimori, el politólogo dijo tajantemente NO. Cuando Patriau repreguntó si estaba tan seguro, Godoy matizó su respuesta inicial diciendo que “Por ahora, no hay”.

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