El regreso de Tacna a Perú ("ESPECIAL")


Un hecho histórico que no debe olvidarse: 28 de agosto de 1929. Hace noventa años Tacna volvió al Perú.

Tras el final de la guerra en 1883, Perú y Chile firmaron el Tratado de Ancón. Perú renunciaba a perpetuidad al departamento de Tarapacá. Las provincias de Tacna y Arica, dentro del departamento de Tacna, pasaron a posesión de Chile por diez años, sujetas a leyes y autoridades chilenas. Cumplido el plazo, debía celebrarse un plebiscito para definir la cuestión de las “cautivas”. Desde 1893 Perú insistió a Chile con el plebiscito, hallando negativas o evasivas. Tampoco había consenso sobre las bases comiciales: Chile insistía como requisito para votar saber leer y escribir, lo que excluía a la masa analfabeta peruana. Perú no quería que votaran solteros y quienes no tuvieran residencia estable, lo que perjudicaría a Chile.

En 1898 el presidente Nicolás de Piérola nombró ministro plenipotenciario a Guillermo Billinghurst, quien casi consiguió que los chilenos aceptaran el plebiscito sobre bases comiciales fijadas por la reina regente de España, María Cristina de Habsburgo-Lorena. El protocolo fue aprobado por la Cámara de Diputados de Chile, pero el Senado chileno nunca lo ratificó. Al mismo tiempo, Chile diseñó el plan de “chilenización” de Tacna y Arica, dirigido a desaparecer los rasgos peruanos entre la población a través de la educación estatal, el servicio militar obligatorio y la Iglesia Católica chilena. Cuando no fue suficiente, surgieron milicias nacionalistas chilenas llamadas “Ligas patrióticas”, que incendiaron viviendas y boicotearon casas comerciales. Además, cometieron asesinatos y desapariciones. Las autoridades cerraron escuelas privadas y diarios, prohibieron las celebraciones peruanas (incluido el canto del Himno Nacional) e impusieron las chilenas, decretaron expulsiones (incluidos sacerdotes peruanos), disolvieron asociaciones peruanas y hasta cambiaron la nomenclatura de calles y plazas. 

En 1912 el presidente Guillermo Billinghurst ofreció a Chile postergar hasta 1933 el plebiscito, además de bases comiciales ventajosas para peruanos y chilenos (votantes serían quienes sepan leer y escribir, nacidos allá y residentes con tres años mínimo), pero los chilenos lo rechazaron. En 1925, tras conversaciones entre peruanos y chilenos con mediación de los Estados Unidos, el presidente estadounidense Calvin Coolidge arbitró que el Tratado de Ancón estaba vigente y el plebiscito debía realizarse. También otorgó derecho a voto a todo nacido y residente en Tacna y Arica. Gracias a esta mediación, Chile devolvió a Perú la provincia de Tarata. No obstante, en 1925 y 1926 la comisión plebiscitaria concluyó que la violencia política entre chilenos nacionalistas y peruanos irrendentistas hacía imposible celebrar el plebiscito.

Nuevamente, los Estados Unidos intervinieron. En 1926 comunicó a Perú que Chile sí incumplió el Tratado de Ancón y el laudo arbitral del año era nulo. El secretario de Estado estadounidense, Frank Kellog, propuso la división del territorio, desde el ferrocarril Arica-La Paz al norte para Perú y el resto dividió entre Chile y Bolivia. Los chilenos prefirieron negociar directamente con Perú. La dictadura de Augusto B. Leguía creía que sólo los Estados Unidos eran capaces de forzar un entendimiento con Chile, que además no avalarían la anexión chilena de Tacna y Arica. Aunque Leguía quiso recuperar la ciudad de Arica y hasta el emblemático Morro, aceptó un acuerdo realista con el embajador chileno Emiliano Figueroa. En 1929 se firmó el Tratado de Lima señalando el límite terrestre a partir del punto costero “La Concordia” y expresando que el “territorio de Tacna y Arica será dividido en dos partes, Tacna para el Perú y Arica para Chile”. Perú recibiría un muelle y una aduana en Arica, la posesión sobre la estación del ferrocarril Tacna-Arica, entre otras servidumbres.

Así fue la vuelta de Tacna a la patria. No olvidemos esta fecha.


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