Ignominia parlamentaria

 

Hace un par de semanas el Congreso aprobó por insistencia un proyecto de ley que modifica la Ley de Reforma Magisterial de 2012.

En noviembre del año pasado este proyecto de ley había sido observado por la Presidenta de la República y su Gobierno, pero como el diseño institucional de la Constitución de 1993 está absolutamente pervertido, el Congreso aprobó por insistencia y lo ha convertido en ley. Así sucedió ahora y seguirá sucediendo.

¿Qué se aprobó?. Una ley esperpéntica que permite el ingreso a la carrera pública magisterial a maestros cesados o quienes no rindieron o desaprobaron el examen de evaluación docente. Iniciativa de la “bancada magisterial”, un conjunto de maestros “rojos” (varios vinculados al Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales, MOVADEF, heredero ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso entre 1980 y el año 2000) quienes fueron socios políticos durante dieciséis meses del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo.

De un porrazo, el Congreso “se ha cargado” los ascensos, las escalas, los puntajes..., en fin, toda la carrera pública magisterial, la cual empezó en 2002 con la primera evaluación de maestros durante el gobierno de Alejandro Toledo y se formalizó en 2007 bajo el gobierno de Alan García. De un porrazo, el Congreso “se ha cargado” la inversión, la capacitación y el esfuerzo de varios miles de maestros para ingresar y ascender en la carrera pública magisterial: elemento indispensable para una mejora significativa de la bajísima calidad de la educación pública en Perú. ¿Para qué?. Aparentemente, para beneficiar a dos mil mediocres y vagos, quien participaron en la huelga magisterial de 2017 

Exceptuando un puñado de “puros” en medio del lupanar, en el Congreso ya no hay valores morales, principios éticos o doctrinas políticas que valgan sino favores. Quien escribe cree que este proyecto de ley era parte de una negociación para aprobar, por ejemplo, ese mamarracho de reforma constitucional que restablece la bicameralidad y ha terminado “ilegitimando” al Congreso, porque lo ha puesto al margen de la Constitución de 1993. Sería la única explicación para que las bancadas “de derecha”, siempre con esa petulante pose de “patricios” y esa vacía perorata anti-izquierdista, aprobaran esta abominación.

Con excepciones, los actuales ocupantes del Palacio Legislativo, sin importar la tendencia política, son los PEORES desde el retorno a la democracia en 2001. ¡CANALLAS!: defienden intereses, legislan con anteojeras ideológicas y lucran con el erario público. Son capaces de hacer añicos la institucionalidad y el imperio de la ley y empobrecernos como sociedad los dos años que les quedan del mandato. Sin embargo, ellos son felices. Se consideran “populares” y están encantados de haberse conocido.

Por fortuna, la ciudadanía no premia nada al Congreso con índices de aprobación en las encuestas de opinión. Por desgracia, un poder público tan desprestigiado y repudiado está listo para que un futuro caudillo “se lo cargue”. Esta vez, definitivamente.  

 

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