Normalmente, no suelo analizar o comentar encuestas de opinión, pero ahora será una excepción.
Según la última encuesta de opinión DATUM, la aprobación al alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, subió desde 33% hasta 46% y la desaprobación bajó de 62% a 50%, aproximadamente. Dejando de lado las deficiencias demoscópicas de estos sondeos probabilísticos, estas cifras han suscitado opiniones diversas y la pregunta del por qué esa subida. Desde esta tribuna podemos concluir que no es por la gestión municipal, porque López Aliaga no tiene ninguna obra pública emblemática ni ningún cambio significativo en la ciudad capital.
Hay quienes creen que esa subida sería por la última defensa cerrada de López Aliaga a la Iglesia Católica. Lo descarto, porque en Perú el catolicismo es más cultural que religioso. Más devoción despiertan las imágenes de Santa Rosa de Lima o el Señor de los Milagros que de la Virgen María. Además, no explicaría el apoyo que López Aliaga tiene o ha tenido entre los congregantes de las iglesias evangélicas.
Otras voces afirman que sería el guiño de López Aliaga a la juventud y el mundo digital, donde está dando entrevistas y participando en la publicación de videos cortos. Acá sería interesante saber si esos jóvenes aplauden a López Aliaga o se ríen de él. No obstante, un like no equivale a un voto ni un seguidor, a un futuro votante. Como ha sucedido en Argentina con el presidente Javier Milei, es importante captar voto joven, pero sin subestimarlo en el intento. Más allá de divertirse con un político haciendo tonterías, la juventud también quiere oír ideas-fuerza, escuchar un mensaje de ilusión o esperanza y ver un líder en acción. A López Aliaga le falta mucho.
Menos es el discurso anti-izquierdista de López Aliaga. A la gran mayoría de la ciudadanía no le interesa la perspectiva de género, el matrimonio igualitario o la unión civil no-matrimonial entre parejas del mismo sexo, más causales de aborto, etc., pero sí le preocupa el desempleo, el costo de vida o la delincuencia común y la criminalidad organizada.
Entonces, ¿cuál sería la respuesta?. López Aliaga está vendiendo, por ahora, una relativa imagen de “hombre fuerte” frente a la desprestigiada Presidenta de la República y su repudiado Gobierno y el putrefacto Congreso, en sintonía con las condiciones políticas y sociales en el país para el surgimiento de un nuevo caudillo. Sin embargo, López Aliaga no será ese caudillo.
Por ahora, López Aliaga es el pre-candidato presidencial mejor posicionado en los sectores “de derecha”. Asustados de que surja un “anti-sistema” que “se cargue” el modelo económico heredado de la década de 1990, en el empresariado y los grandes medios de comunicación miran distinto a López Aliaga, en contraste con 2021, y lo verían como “la última alternativa”. Engañados por pseudo-politólogos, no comprenden que el ciclo político iniciado con la transición hacia la democracia el 22 de noviembre de 2000 está terminando y López Aliaga con éste.
Falta más de un año para las elecciones generales. El actual contexto político no será el mismo en nueve o doce meses cuando López Aliaga deba renunciar a la Alcaldía de Lima en noviembre (los periodistas indagarán todo lo que hizo y no hizo), enfrente candidatos política o ideológicamente similares como el ex conductor de televisión Phillip Butters o el humorista Carlos Álvarez (López Aliaga es un pésimo candidato) y esté políticamente agotado por haber comenzado a “hacer campaña” tan temprano.
Falta que
corra mucha agua en el río bajo el puente.
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