Cierta polémica causó la reunión pública entre el Viceministro de Interculturalidad e integrantes del colectivo ciudadano “La Resistencia”.
Hace tiempo sectores “de derecha” desovaron sus colectivos ciudadanos: un grupo de activistas políticos con ideas afines. “Los Combatientes” o “Arica no se rinde” son algunos de éstos. Sin embargo, “La Resistencia” es el más conocido de todos, porque sus integrantes son muy violentos y agresivos. Son rabiosamente “anti-izquierdistas”, reniegan abiertamente de la democracia restaurada en 2001 y realizan “escraches” o “actos públicos de repudio” a quienes ellos consideran sus enemigos, como el periodista Gustavo Gorriti o la abogada Rosa María Palacios. Su líder es un bravucón que se salvó de ir a la cárcel acusado de asesinato, porque fue sobreseído su caso penal. Era un “protegido” de la ex congresista Rosa Bartra.
La última reunión con “La Resistencia” costó al Viceministro de Interculturalidad su renuncia y, posiblemente, le cueste una interpelación a la Ministra de Cultura en el Congreso, alentada por una facción de la izquierda radical. Sin embargo, el Defensor del Pueblo, hombre de izquierda radical, también se ha reunido en su oficina con integrantes de “La Resistencia”.
Concuerdo con la congresista Martha Moyano: los integrantes de “La Resistencia” no merecen ser recibidos por ninguna autoridad. No obstante, tildar de “fascista” a “La Resistencia” como hace el diario La República es otra cosa: hasta donde sé, sus integrantes no visten camisas negras, no desfilan armados por las calles haciendo el saludo romano junto a un grito gutural ni profesan una doctrina política. Tampoco han dado palizas a sus enemigos. Menos es concebible, como hace el ex congresista Richard Arce, comparar “La Resistencia” con el Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), heredero ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990. Nomás son un grupúsculo extremista y fanatizado, con pancartas y megáfono.
Paradójicamente, quienes se rasgan las vestiduras con “La Resistencia”, jamás han condenado a los colectivos ciudadanos desovados por sectores “de izquierda”. Recuerdo cómo hizo su debut para las elecciones generales de 2011 el colectivo “Dignidad” con un escarnio público al antropólogo Jaime de Althaus dentro de su automóvil. Por supuesto, cómo olvidarnos del colectivo ciudadano “rojo” más conocido de todos, presente en todas las marchas callejeras durante las campañas electorales de 2011, 2016 y 2021: “No a Keiko”.
Quienes ampararon todas las violaciones flagrantes a la Constitución de 1993 desde 2018, alentaron el “bochinche callejero” de noviembre de 2020 y fantasearon con fundar un nuevo “régimen político” con impronta izquierdista en 2021 son los menos autorizados para quejarse de “La Resistencia”. Sí lo estamos quienes creemos que una democracia se asienta en partidos políticos, no en colectivos ciudadanos que no representan el pluralismo político de la sociedad peruana.
Personalmente,
con los colectivos ciudadanos, ni a la esquina.
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