Parece que las celebraciones por el bicentenario de la Batalla de Ayacucho de 1824 han sido “intrascendente” para la gran mayoría de peruanos y peruanas.
Desde las grandes ciudades hasta los pequeños caseríos, tanto en la costa, la sierra y la selva, la Patria cumple años el 28 de julio: día de la proclamación oficial de la Independencia de Perú en 1821. La Batalla de Ayacucho como la Batalla de Junín son episodios posteriores, parte del porvenir del joven país. Hay poca gesta épica en el proceso independentista y el pueblo lo intuye.
Todos los conocemos las victorias libertadoras en Junín y Ayacucho, pero poquísimas personas conocen el triunfo realista en la Batalla de Corpahuaico en 1824, cerca de Huamanga: seis días antes del enfrentamiento bélico en la Pampa de la Quinua. De igual modo, pocos saben sobre la derrota libertadora en la Batalla de Ica de 1822, también conocida como el “Desastre de Macacona”, que fue la primera derrota del ejército libertador venido a Perú con el general rioplatense José de San Martín. Tampoco son conocidas las derrotas libertadoras en las batallas de Torata y Moquegua en 1823, que casi aniquilaron las tropas de San Martín.
No es conocida por la gran mayoría de nosotros que las divisiones políticas favorecieron la victoria libertadora sobre las tropas realistas, que eran buenas combatientes. Diferencias entre el virrey José de La Serna, liberal y constitucionalista, y el general Pedro Antonio Olañeta, monárquico absolutista, terminaron en la “Rebelión de Olañeta” de 1824 o la denominada “Guerra Doméstica”, que forzó a La Serna el envío de tropas realistas para enfrentarle al mando del general Gerónimo Valdés, militar competente, pero de quien se sospechaba era “agente de Gran Bretaña”. Fue Valdés (vencedor en Torata) quien alertó a La Serna sobre el peligro de dividir las fuerzas realistas, que quedaron al mando del general José de Canterac, fiel a Fernando VII, rey de España, pero quien no tenía los dotes del díscolo Olañeta o el anglófilo Valdés.
Hablando de Canterac y Valdés. ¿Alguien sabe que fueron ellos quienes frustraron las denominadas “Conferencias de Punchauca” de 1821 entre San Martín y La Serna para ensayar en Perú una fórmula monárquica independentista similar a la implementada por Portugal en Brasil?. San Martín quería un trono ocupado por alguien de la dinastía española Borbón: según él, los únicos nobles europeos que podrían ser aceptados por criollos, mestizos e indígenas. Tampoco es conocida la correspondencia entre el general Olañeta (quien aprovechó el fin del “Trienio Liberal” en España para rebelarse contra La Serna) y su sobrino Casimiro (integrante de la Real Audiencia de Charcas, quien fue el auténtico artífice de la separación política definitiva entre el Alto Perú y el Bajo Perú) con el libertador venezolano Simón Bolívar y su lugarteniente, el general Antonio José de Sucre. Quizá como sorna, Bolívar llegaría a afirmar que el general Olañeta, quien pretendió convertir el Alto Perú en un “enclave” de resistencia realista “anti-liberal” y contra la Constitución de 1812 (“La Pepa”), contribuyó más que nadie a la Independencia de Perú.
Por último, los acontecimientos en España también influyeron en la victoria libertadora. La Gran Expedición, comandada por los generales Félix Callejas y Enrique José O'Donnell, abortó por la sublevación liberal del coronel Rafael del Riego en 1820. Posteriormente, el “Trienio Liberal” suspendió toda ayuda militar a los territorios españoles de ultramar, siendo el Virreinato de Perú el cual menos asistencia militar había recibido.
Creo mejor
quedarnos en Perú con el 28 de julio como la principal celebración patria.
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