Entre tantas noticias malas, muchos medios de comunicación resaltan la pronta inauguración del puerto multipropósito de Chancay.
Construido por una consorcio chino-peruano como iniciativa privada, el nuevo puerto de Chancay, al norte de Lima, es una multimillonaria inversión que fomentará exportaciones mineras, agrícolas y de manufacturas y podría, según cálculos de economistas, incrementar un punto porcentual del Producto Bruto Interno a la economía peruana. Como será un puerto privado, aún no está bien definida la función reguladora o supervisora de entidades públicas como el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte (OSITRAN) o la Autoridad Portuaria Nacional, como sí ocurre con los puertos concesionados. Sin embargo, hay un aspecto de este mega-puerto del cual nadie está hablando: el aspecto militar.
Expertos en geopolítica conocen cómo China ha aumentado su presencia política, económica y hasta militar en Asia Sudoriental, Asia Central, África y hasta América Latina las dos últimas décadas. El presidente chino Xi Jinping, quien vendrá a Perú el próximo mes para la ceremonia inaugural del puerto y participará en la reunión del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC) que se realizará en Lima, tiene la pretensión de disputar la hegemonía global a los Estados Unidos. Para tal efecto, por ejemplo, China ya tiene el mayor número de barcos de guerra y el mayor número de ojivas nucleares del mundo, por encima de su rival estadounidense. A su vez, todas las empresas de capitales chinos están obligadas legalmente a colaborar activamente con la dictadura comunista que rige China desde 1949 cuando ésta lo requiera.
Xi ha manifestado reiteradamente que China “recuperará” la isla de Taiwán, donde impera un régimen político pro-occidental desde 1949, “por las buenas o por las malas”. Desde 1979 los Estados Unidos tienen un compromiso público implícito de defender Taiwán. A consecuencia de la invasión militar de Rusia a Ucrania en 2022, analistas internacionales no descartan que China quiera anexarse Taiwán con la fuerza militar y haya un conflicto bélico con los Estados Unidos. Por tanto, no podemos descartar ni asegurar que, en un escenario bélico o pre-bélico, el maravilloso puerto de Chancay, que pronto recibirá barcos mercantes no acabe con barcos de guerra chinos anclados en la dársena.
Los Estados Unidos y China son importantísimos socios comerciales para Perú, pero nosotros estamos política, jurídica y culturalmente alineados con los valores occidentales que (aún) encarnan los Estados Unidos y Europa: democracia, instituciones, imperio de la ley, derechos humanos, libertad de expresión. China encarna todo lo opuesto: los chinos no tienen escrúpulos en hacer sus negocios hasta con dictaduras corruptas y represoras. No obstante, nos correspondería permanecer como país neutral y el mega-puerto chino no ayudaría.
Hasta ahora leo o escucho pura alabanza a la inversión china en el puerto multipropósito de Chancay. Por ejemplo, el periodista Nicolás Lúcar no se cansa de elogiar a los chinos. Iván Arenas, columnista del diario Perú21 quien suele fungir como analista político, ha escrito que el mega-puerto chino nos asegurará ¡cien años de paz con Chile!, como si viviéramos en el siglo XIX. Todos confían en los chinos, pese a que China ha demostrado no “jugar limpio”. Basta los recientes esfuerzos de la sociedad civil para que la Marina de Guerra patrulle nuestro mar litoral frente a los barcos pesqueros chinos, que ilegalmente faenaban con una voracidad parecida a las faenas de la flota pesquera soviética en las décadas de 1970 y 1980.
En Perú no debiéramos
estar para “cuentos chinos”.
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