Cómo será él

 

Quienes tenemos más de cuarenta años de edad recordamos quién fue Ezequiel Ataucusi.

Ataucusi, un zapatero arequipeño vinculado inicialmente a los adventistas, fundó en 1968 la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, una iglesia autóctona de inspiración nazarena.

Multifacético y carismático, Ataucusi se convirtió en misionero recorriendo la selva de Junín. Entonces se dejó crecer la barba, adoptó una túnica como vestimenta y empezó a predicar con la Biblia en mano. Congregó seguidores en caseríos rurales y las zonas urbano-marginales. La sede principal de su iglesia todavía está en Lima.

De orígenes pobres y andinos, Ataucusi se consideraba a sí mismo un “mesías” para las masas mestizas o indígenas, predicando una doctrina religiosa que era síntesis entre la cosmovisión cristiana enraizada en el Antiguo Testamento y la cosmovisión andina heredada del incanato. Ataucusi apelaba al mito del Inkarri: por eso sus seguidores creían que él era como un “Cristo de los Andes” que restablecería el Tahuantinsuyo, perdido tras la conquista española en 1532. En algunas localidades rurales andinas, la doctrina mesiánica de Ataucusi fue una contraposición al maoísmo polpotiano de los terroristas de Sendero Luminoso en la década de 1980, según los antropólogos Fernando Fuenzalida y Juan Ossio.

El mesianismo de Ataucusi no era sólo religioso sino también político. Ataucusi fue candidato presidencial en las elecciones generales de 1990: época sin muchas esperanzas cuando el país vivía la violencia terrorista, el desastre económico y la descomposición institucional, cuando gran parte de la ciudadanía manifestaba un profundo rechazo al sistema de partidos políticos. No faltó quienes en los medios de comunicación pensaron que las circunstancias eran propicias para un personaje como Ataucusi, pero éste sólo obtuvo un poco menos de setenta mil votos válidos: 1.04%. ¿Por qué?.

El discurso de Ataucusi (donde reivindicaba el agrarismo, como si estuviéramos en el siglo XIX) era demasiado ideologizado para gusto de una mayoría social. Además, Ataucusi era visto por mucha gente no pobre y los grupos de interés (empresarios, sindicatos, militares, profesionales colegiados, etc.) como un anciano estrambótico a quien no se podía tomar en serio. Un oscuro ingeniero agrónomo de imagen anodina, montado en un tractor, quien repetía clichés y decía frases de sentido común, sí fue tomado en serio.

¿A qué viene esta remembranza?. Cuando he expresado en esta columna de opinión que en el país están surgiendo las condiciones para un nuevo caudillo (varón), quien aparecerá para las elecciones generales de 2026, no me refiero a un alucinado violentista con un mensaje rabiosamente ideológico y un discurso racista, xenófobo, estatista, anticristiano y hasta antisemita.

No, será alguien con discurso duro, pero sin ligaduras ideológicas, capaz de conseguir un apoyo trasversal (ricos y pobres, citadinos y rurales, jóvenes y ancianos, etc.) en campaña electoral para hacerse con el poder. Lo que suceda después de ganar es otro asunto.

Atentos.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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