Noticias desde El Salvador: la Asamblea Legislativa aprobó una polémica e inconstitucional reforma a la Constitución de 1983.
La mayoría absoluta de diputados adicta al sátrapa Nayib Bukele ha modificado el mecanismo para aprobar reformas constitucionales. En el texto original, una reforma constitucional se aprobaba en una primera legislatura con mayoría absoluta y después se ratificaba en una segunda legislatura con mayoría calificada. Además, la jurisprudencia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia había determinado en el pasado que las reformas constitucionales debían aprobarse antes de un proceso electoral para que éste sea como un “plebiscito ratificatorio”.
El nuevo texto elimina la doble votación y la reemplaza por una sola, en la cual la reforma constitucional se aprobaría con una mayoría de cuatro quintos: justo la cantidad de diputados que obtuvo Bukele en su espuria reelección última, con una futura Asamblea Legislativa más pequeña: también por iniciativa de Bukele.
Las diputadas opositoras Claudia Ortiz y Marcela Villatoro han denunciado que esta reforma a una “cláusula pétrea” de la Constitución de 1983 es el primer paso para “la perpetuación en el poder”. Esta advertencia está fundamentada, porque Bukele ya tiene listo un proyecto de reforma casi total a la Constitución de 1983 (prácticamente, sería una nueva Constitución) y sus diputados adictos hablan abiertamente de “refundar el país”.
¿Por qué esta reseña?. Los sectores “de derecha” en Perú, quienes viven “enamorados” del autoritarismo de Bukele y no condenaron su inconstitucional candidatura reeleccionista, nos dicen y se dicen a sí mismos que solamente los “rojos” quieren procesos constituyentes o nuevas constituciones. Recuerdo como hace dos años oí decir, suelto de huesos, al escritor Víctor Andrés Ponce, director del portal web político de “de derecha” www.elmontonero.pe, en una entrevista vía Zoom, que la Constitución de 1993 “durará para siempre”.
Si en El Salvador, teniendo la Constitución de 1983 “legitimidad de origen” (sirvió para salir de cuatro décadas de dictaduras) y “legitimidad de ejercicio” (ningún gobierno la ha cuestionado en cuarenta años), Bukele ha debido esperar tener la suficiente fuerza política para proponer reformas constitucionales “a su medida”, ¿qué esperar de Perú, donde la Constitución de 1993 tiene un cuestionamiento imborrable a la “legitimidad de origen” (sirvió para montar la dictadura de Alberto Fujimori) y está perdiendo la “legitimidad de ejercicio” (bien ganada, porque sirvió para la transición hacia la democracia en 2001) por las reiteradas e impunes violaciones constitucionales?, ¿no sería fácil para un futuro caudillo, con apoyo popular, activar un proceso constituyente y sus opositores poco o nada pudiesen hacer para impedirlo?, ¿qué opinará el joven abogado Lucas Ghersi, hijo del ex diputado Enrique Ghersi, otrora recolector de firmas para declarar “pétrea” la Constitución de 1993, quien está casado con una dama salvadoreña?.
Como diría el cómico mexicano Mario Moreno,
“Cantinflas”: no que no.
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