Rafael López Aliaga, un año de nada

 

Hace algunos días se cumplió el primer año del empresario Rafael López Aliaga, actual político emblemático de los sectores “de derecha”, como Alcalde de Lima.

Con su habitual pose de “chulo arrogante”, en conferencia de prensa desde el Palacio Metropolitano, López Aliaga se jactó por obras públicas que no ha ejecutado y logros que nadie ve. Acompañado de “focas amaestradas” que le aplaudían todo, repitió su monserga de “Lima, potencia mundial” y volvió a prometer villas y castillas.

Por supuesto, los medios de comunicación “amigos” hablaron maravillas del primer año de López Aliaga: los diarios Expreso y La Razón. En la televisora privada Willax, se despachó lo que quiso ante su “amigo”, el conductor de televisión Phillip Butters. Sin embargo, todos los sondeos de opinión (pese a las deficiencias demoscópicas) indican que dos tercios del electorado limeño desaprueba a López Aliaga. ¿Por qué?.

Una primera explicación es que López Aliaga nunca quiso ser Alcalde de Lima. No le interesa la ciudad capital. Él quería ser Presidente de la República, pero en las elecciones generales de 2021 no lo consiguió. Ignoro si asesorado o no por gente como el abogado Yorry Warthon (quien se fue hace dos años para abrir tienda política aparte), López Aliaga se presentó como candidato municipal. Quizá creyó que siendo Alcalde de Lima tendría mayor notoriedad que sus rivales en los sectores “de derecha” para la lucha política contra el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo. Ciertas circunstancias permitieron a López Aliaga ganar la elección municipal en 2022, pero antes que asumiera se produjo el intento golpista del 07 de diciembre, la caída de Castillo, la sucesión constitucional y un nuevo Gobierno.

Entonces López Aliaga habría quedado “descolocado”: debía gobernar la ciudad, en serio. Sin embargo, un año después, habría fracasado. ¿Por qué?. Dos factores: primero, López Aliaga carece de talante “negociador”. Como hombre de empresa, él decide y quiere que sus subordinados ejecuten sus decisiones. No entiende que la política es conversación y acuerdos. Si lo entendiese, López Aliaga -por ejemplo- hubiera podido acordar con las empresas de telefonía y el organismo regulador en telecomunicaciones el retiro de los obsoletos teléfonos públicos que afean la ciudad. Apuesto no se le pasó por la cabeza.

Un segundo factor: las cuentas de la Municipalidad Metropolitana de Lima están “en rojo”. No hay dinero para la ejecución de grandes obras públicas: herencia de los días de Susana Villarán, agravada por los burgomaestres posteriores. Por eso López Aliaga debió rescindir un montón de contratos laborales temporales tras asumir. Por eso la reciente emisión de bonos en el mercado de valores con plazos de tiempo más largos y tasas de interés más elevadas. Por eso la obsesión con “cargarse” una de las dos concesiones viales en la ciudad: López Aliaga quería el dinero por las tarifas de peaje. Por eso el incumplimiento de las promesas electorales sobre adquirir miles de motocicletas para el Serenazgo o destinar la décima parte del presupuesto municipal al programa de “ollas comunes”. Por eso la absurda propuesta de convertir los parques zonales de la ciudad en “clubes metropolitanos”, con cobro de cuotas por membresía.

López Aliaga no ha renunciado a sus aspiraciones presidenciales y cuando haya elecciones generales, posiblemente, sea candidato, pero saldrá “quemadísimo” de la Alcaldía de Lima. Por lo pronto, aunque la gran mayoría del electorado no le votamos, tendremos que aguantarlo un rato.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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