Durante la campaña electoral de 2021, la izquierda radical defendía a morir el “milagro boliviano”.
A diferencia de Cuba, Venezuela o Nicaragua, bien difíciles de defender públicamente, Bolivia sí era defendible. Hubo cierta prosperidad varios años y mucho asistencialismo social. Como los sectores “de derecha” (con excepciones, tontos hasta el almorzar y después todo el día) no distinguen entre los países de la “órbita bolivariana” y creen que todos son hambreadoras “dictaduras comunistas”, quedaban en ridículo cuando “rojos” y “rojimios” les contradecían con los supuestos logros del “milagro boliviano”.
Dos años después el “milagro” era ilusión. Actualmente, muchísimos bolivianos quieren comprar dólares de los Estados Unidos o cualquier otra divisa fuerte para proteger sus ahorros. El gobierno de Luis Arce está desesperado por fuentes de financiamiento. El resultado de haber vivido años con flujos de capitales sin bajísima inversión privada y aumento de gasto público en subsidios por doquier, creación de empresas estatales y expansión de la burocracia estatal. El déficit fiscal está disparado, el endeudamiento externo crece y las divisas escasean. Las reservas internacionales se evaporaron. Un tipo de cambio fijo en dólares desde 2013 mantiene “sobrevaluada” la moneda. Para colmo, la principal fuente de ingresos, los hidrocarburos, ha disminuido por baja de precios en el mercado internacional. La presión inflacionaria es atroz. Tarde o temprano habrá una devaluación de la moneda y los precios se irán hasta las nubes.
Arce ha echado mano a los fondos de pensiones (cumpliendo la Constitución de 2009), pero será un alivio económico temporal que “robará” el futuro a mucha gente. Hay maestros en huelga contra planes educativos “ideologizados”, epidemia de dengue que no da tregua, desempleo bastante elevado. A su vez, Arce está enfrentado políticamente con Evo Morales, su rufianesco padrino político, quien hizo y deshizo en Bolivia durante trece años hasta que una revuelta callejera lo botó del poder en 2019. Arce y Morales pelean públicamente por el control político del Movimiento al Socialismo (MAS) y las acusaciones por corrupción administrativa o narcotráfico van y vienen. Por su parte, Arce ha incrementado la represión contra la “oposición democrática” y la persecución contra los periodistas independientes.
Bolivia reventará pronto. Por ahora, ante la escasez de dólares y euros, muchos bolivianos recurren a divisas fuertes de países cercanos, como el sol peruano o el peso chileno. A medida que la situación económica y social se deteriore más, posiblemente, haya bolivianos que migren hacia el Perú en búsqueda de mejores oportunidades de vida.
¿Dónde están hoy “rojos” y “rojimios” -como el sociólogo Alberto Adrianzén o el escritor Juan Manuel Robles- que, dentro y fuera de las redes sociales, defendían su “milagro boliviano”?. Mudos. Ni una palabra. Quizá los más cínicos culparán, como Arce, al “capitalismo internacional”.
Ya la
izquierda radical hallará otra referencia a la cual colgarse y Bolivia será un
lamento.
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