Los muertos

 

Los sectores “de izquierda” exigen la renuncia de la Presidenta de la República.

Alegan que son demasiados muertos en las violentas protestas ocurridas en las últimas semanas. Según la Defensoría del Pueblo, son casi cincuenta fallecidos. La mayoría en este primer mes del año. Todas las muertes ocurrieron en el contexto de las turbas “rojas”, que, en Puno, Cusco, Tacna, Madre de Dios, San Martín y otros departamentos más, continúan bloqueando carretera, destruyendo propiedad pública y privada, saqueando, aterrorizan a la ciudadanía y hasta cometiendo asesinatos. Las turbas amenazan con proseguir hasta el final.

En esos sectores “de izquierda”, hay quienes creen –ingenuamente- que, si la Presidenta de la República renunciase, las turbas se aplacarían. Están muy equivocados. Los facciosos “rojazos” detrás de esas bandas de energúmenos nos repiten sus exigencias absolutamente políticas: renuncia de la Presidenta de la República, cierre del Congreso, adelanto electoral (¡ahora!) y el inicio de un proceso constituyente. Nada, nada garantiza que las turbas se aplaquen.

De otro lado, existen quienes quieren aprovechar la vorágine política para forzar una sucesión constitucional e instalar un Gobierno interino presidido por alguien ideológicamente afín, como sucedió en noviembre de 2020. Si las turbas se aplacan o continúan los muertos, no les interesa. Sin embargo, quienes están alentando de cerca a estas turbas subversivas saben bien qué quieren: el derrumbe de la democracia restaurada en 2001 y la Constitución de 1993. Con el vacío en la Presidencia de la República y sin el Congreso, fantasean con instalar una “Junta de Gobierno”, que concentre el poder político y legisle. Mejor dicho, buscan cumplir el golpe de estado que el gobierno de Pedro Castillo propició el 07 de diciembre de 2022 y fracasó.

En realidad, a quienes están tras las turbas subversivas no les interesa si hay cincuenta, cien o doscientos muertos, mientras contribuyan al “propósito revolucionario”. Por desgracia, todo parece indicar que seguirá subiendo el número de fallecidos, porque a los renegados extremistas detrás de los conatos de revuelta o los focos insurreccionales no les interesa el “diálogo”, las “comisiones de alto nivel”, las “negociaciones”, las “actas”, etc. Cuando hemos visto en vídeo las turbas en Cusco gritando “¡Ahora sí, guerra civil!”, no es casualidad. Quieren el enfrentamiento, la destrucción, el derramamiento de sangre. No están movidos solamente por la ideología. También por la criminalidad: narcotráfico, minería ilegal, etc.

Muchos queremos que no haya más muertos, pero son esos salvajes azuzadores de masas, no el Gobierno nacional a través de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, quienes quieren decesos. Si estuviésemos en una incipiente “guerra civil”, morirá gente, pero militares y policías harían (legalmente) todo para que los muertos no sean cientos, miles o hasta decenas de miles.

Cada muerto tiene nombre y apellido, sí, como también los tienen quienes han instigado y siguen instigando mayor violencia, destrucción y muerte.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores