Gustavo Petro, candidato de izquierda radical, ganó la elección presidencial en Colombia.
Petro, economista de profesión y antiguo guerrillero, se impuso contundentemente con 50% de votos válidos sobre su rival, el empresario Rodolfo Hernández, quien obtuvo 47%. Colombia, que ha gravitado durante muchísimo tiempo en torno a liberales y conservadores y, en los últimos veinte años, a la influencia política del ex presidente Álvaro Uribe, tendrá un gobierno de izquierda radical. Pese a sus simpatías por la Cuba comunista y la Venezuela bolivariana, Petro está muy lejos de convertir en cenizas a Colombia. Es un “hombre del sistema”: fue congresista, senador y Alcalde Mayor de Bogotá. Está aliado con muchos políticos veteranos, tiene parte del empresariado de su lado. Sobre todo, Petro es un inescrupuloso arribista: negociará lo que sea y con quien sea para salirse con la suya. Espero los colombianos sepan bien en lo que se han metido.
En el Perú, sectores “de izquierda” están emocionados y sectores “de derecha”, alarmados. No hablaré de los últimos sino de los primeros. Para la “progresía” limeña y la izquierda radical, Petro encarna todo lo que les gusta: desde feminismo, ecologismo, indigenismo y multiculturalismo hasta populismo, estatismo y colectivismo. Para ellos, Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile, Xiomara Castro en Honduras y la probable victoria electoral del ex presidente Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil este año serían la nueva esperanza “de izquierda” en América Latina.
El triunfo electoral de Petro en Colombia comenzará a causar mayor repulsión de la “progresía” limeña y la izquierda radical hacia el incompetente e ignorante “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su hediondo Gobierno. Los intentos de distanciarse ideológicamente respecto al “hombre sin sombrero” empezaron hace rato. Ya vemos, oímos o leemos a políticos, intelectuales, periodistas y activistas decir que el “hombre sin sombrero” no es “izquierdista” o su Gobierno no es “de izquierda”. Saben que él está condenado políticamente y caerá muy pronto. Por tanto, pretenden salvar, al menos, la etiqueta “izquierda”.
Sin embargo, es un ejercicio de autoengaño. El “hombre sin sombrero” es un comunista, aunque sin formación doctrinaria, y está rodeado de una pandilla de criminales y bribones, disfrazados de izquierda radical, que se está “cargando” el Gobierno nacional para enriquecerse con el erario público. Así quedará en los libros de Historia. Así pasará a la posteridad. Así estará en la memoria colectiva de millones de peruanos y peruanas que creyeron en el slogan de campaña “No más pobres en un país rico” y hoy se sienten engañados, burlados, frustrados y enojados por la feísima realidad política, económica y social.
Meses atrás
la congresista Susel Paredes expresó al periodista Jaime Chincha su perspectiva
hacia el futuro: el “hombre sin sombrero” está destruyendo a los sectores “de
izquierda”, los cuales no volverán a ser los mismos después de este Gobierno y
necesitarán, mínimo, veinte años para recuperarse.
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