Era 2018 y, a través de mentiras, prepotencia y chantajes, el gobierno de Martín Vizcarra consiguió que el Congreso aprobara cuatro reformas importantes a la Constitución de 1993.
Una de esas cuatro reformas era prohibir la reelección parlamentaria inmediata. Algunos de sus defensores alegaron que si no existe reelección inmediata para los demás cargos por voto popular, ¿por qué sí para los congresistas?. Otros decían que, ante los escándalos políticos o las denuncias por corrupción administrativa que implicaban a congresistas de entonces, era necesario forzar la “renovación” de la “clase política” en el Congreso. Una falacia que Alberto Fujimori expresó el 05 de abril de 1992 como queja contra la Constitución de 1979 para justificar su golpe de estado y su dictadura.
Esas cuatro reformas fueron ratificadas en el Referéndum de 2018. La prohibición de reelección parlamentaria inmediata obtuvo, según cómputo oficial, 85.8% por el SI y 14.19% por el NO. En realidad, el psicópata que nos desgobernó treinta meses se erigió como “gran elector” y muchos ciudadanos votaron lo que él les alentó, sin importar consecuencias a futuro.
El marco normativo de una institución diseña su correcta estructura, organización y funcionalidad. Si ese diseño es defectuoso, estructura, organización y funcionalidad serán malas. Por no decir, pésimas. Casi la totalidad de expertos señalan que el diseño institucional del Congreso es malísimo: una Cámara, con ciento treinta congresistas (hasta 2011 eran ciento veinte) elegidos en enormes distritos electorales, la representación proporcional deficiente y otras anomalías. Todos estos defectos en el diseño institucional ocasionaron que, desde el retorno a la democracia en 2001, llegaran mayormente al Congreso los políticos menos aptos.
Al existir la reelección parlamentaria inmediata, los congresistas aún tenían la expectativa de ser reelectos si la ciudadanía creía que valía la pena reelegirlos. El electorado siempre tuvo la última palabra en las ánforas. Desde 2001 los porcentajes de reelección inmediata eran bajos. Había muchos candidatos, pero pocos reelegidos. Tras el Referéndum de 2018 el último incentivo para la buena conducta parlamentaria desapareció. Lo hemos visto en el Congreso extraordinario instalado en 2020 y el Congreso instalado en 2021. Ahora prima la lógica “Después de mí, el diluvio”.
¿No me creen?. Piense: casi todos los congresistas involucrados en algún escándalo político o alguna denuncia por corrupción son NUEVOS. Muchos nunca han desempeñado otro cargo por voto popular. Además, están los inexpertos en política, a quienes el Congreso “deslumbra”. Como no hay reelección parlamentaria inmediata, el razonamiento es “Aprovechar lo que se pueda”.
¿Hay responsables por esta degradación?. Sí, pero no están en el Palacio Legislativo sino en los grandes medios de comunicación que alentaron el voto por el SI en el Referéndum de 2018 para esa nefasta reforma. Por ejemplo, la siniestra abogada Rosa María Palacios.
Acuérdese
de ellos la próxima vez que despotrique del Congreso.
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