El historiador chileno Fernando Mires describe las características de un analista político.
Primero, no apartarse de todos los hechos, tal como son. Nada de hablar sólo de los sucesos con los cuales concuerdo y ocultar los demás. Segundo, saber cómo establecer la conexión entre todos esos hechos con el accionar y el mensaje de los actores políticos, no con la imaginación del analista. Por último, no perder la objetividad. Específicamente, no falsear la realidad o acomodar los hechos a una determinada línea política o ideológica.
Una tragedia del Perú desde el retorno a la democracia en 2001 es la ausencia de analistas políticos. En los medios de comunicación vemos, oímos o leemos opiniones de “analistas políticos” que, mayoritariamente, no lo son. Son “comentaristas políticos”, porque ninguno sigue siquiera una de las tres características antes mencionadas. Hay quienes fungen de “analistas políticos”, pero sin mala fe. El resto son “charlatanes”, quienes le han hecho un enorme daño al país.
¿Por qué?. Si los diagnósticos son malos, los remedios serán equivocados. Podríamos hacer un recuento de las tonterías que brotaron de la boca de los pseudo-analistas políticos y después nos trajeron problemas, pero no es el momento. Quiero referirme al momento político: el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República está acogotado por escándalos políticos y denuncias de corrupción administrativa que no cesan, mientras culpa al Congreso, los grandes medios de comunicación y el empresariado de estar detrás del Ministerio Público y el Poder Judicial y llama al “pueblo” (mejor dicho, quienes aún le apoyan) a que venga hacia Lima para defender su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno.
Ahí están las imágenes de los últimos mítines que el “hombre sin sombrero” y algunos de sus ministros han convocado en el Palacio de Gobierno, donde no fueron pocas personas. El “hombre sin sombrero” miente (ahora dijo que vive de sus ahorros o que los opositores quieren dejar huérfanos a sus hijos) y se “victimiza”, pero su viejito “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros está haciendo auténticos llamados a la violencia y hasta “dar la vida”. Ya el Gobierno nacional está delinquiendo, como públicamente lo ha manifestado la congresista Gladys Echaíz.
Sin embargo, muchos de los pseudo-analistas compadecen al “hombre sin sombrero” (es un maestro rural, un campesino, alguien “de izquierda”) o se burlan de él y minimizan todas las amenazas provenientes del Palacio de Gobierno. Es como si un pirómano nos amenazara con causar un incendio y lo ignoráramos. El “hombre sin sombrero” tiene a sus rondas campesinas, que están compitiendo por sus favores en beneficio de agendas propias. Individuos violentos e ideologizados. También tiene a sus amigos “magisteriales” del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), heredero ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990, dentro del Ministerio del Interior y con capacidad de organizar y movilizar gente. Por supuesto, con dinero, el Gobierno nacional puede contratar elementos lumpen que se disfracen como turbas de izquierda radical.
No hablaríamos de quinientos mil manifestantes en Lima con banderas, camisetas de futbol, chicharras, bombos y teléfonos celulares para tomarse un selfie. Bastarían cinco mil personas fanatizadas y agresivas que golpeen opositores, incendien edificios y desaten el terror en la ciudad.
No es un
chiste, señores pseudo-analistas. Aquí puede correr sangre y oler a humo.
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