Precisamente, en estos días de marzo hace cinco años cayó el gobierno de Pedro Pablo Kucyznski. En este artículo no recontaré todos los acontecimientos políticos en menos de veinte meses en el poder. Para eso cuentan ustedes con abundante y variado acervo hemerográfico.
Kuczysnki, economista con buenos pergaminos, varias veces funcionario público, ex ejecutivo de empresas y lobista corporativo (oficio legítimo), fue el cuarto político (en su caso, es decirle mucho) en acceder a la Presidencia de la República mediante comicios libres y consecutivos desde el retorno a la democracia en 2001. Había vencido en el balotaje a doña Keiko F., lideresa del fujimorismo e hija mayor de ex dictador Alberto Fujimori, quien, no obstante, había conseguido una legítima mayoría absoluta en el Congreso: un hecho inédito desde 2001.
¿Por qué cayó Kuczysnki?. De seguro, muchas personas se han preguntado eso durante los últimos cinco años. Creo por la combinación destructiva de ambición política, vanidad personal, vocación de poder, sectarismo ideológico, intereses particulares y mucha, mucha irresponsabilidad. Sin embargo, a diferencia de lo que quieran hacernos creer hoy en día algunos personajes, hay dos responsables directos, por acción y omisión: el mismo Kuczysnki y Doña Keiko.
Kuczysnki, un campechano que nunca entendió cuán complicada es la política peruana. No comprendió que con su ajustado triunfo electoral y su carencia de mayoría parlamentaria partía políticamente vulnerable. No entendió la necesidad de construir alianzas, negociar políticamente, comunicar constantemente, llegar “pisando fuerte”, etc. Pensó, ilusa y vanidosamente, que su voluntarismo, su conducta dicharachera y sus gestos afables bastaban para conseguirle las simpatías y el apoyo político que requería un gobierno exitoso.
Del otro lado, Doña Keiko, de quien ahora conocemos rasgos notorios de su personalidad, se convenció o la convencieron que esa vez sí ganaría la elección. Aplicadamente, hizo y no hizo todo lo que le indicaron. No obstante, por varios errores propios cometidos en las últimas semanas de la campaña electoral, perdió. Fue entonces cuando múltiples voces interesadas y mezquinas a su alrededor y en los medios de comunicación alimentaron su resentimiento: “Tú debiste ganar”, “Te robaron el triunfo”. El rencor de Doña Keiko hacia Kuczysnki creció. Comportamiento inmaduro para una madre de familia e indigno para una lideresa política.
Creo haberlo dicho antes, pero si Doña Keiko hubiese actuado con “inteligencia emocional” y astucia política, hubiera planteado a Kuczysnki un “pacto”: apoyo total y acrítico de la mayoría fujimorista durante tres años a todas sus iniciativas legislativas, excepto en temas valóricos. Sin petición de puestos en el Poder Ejecutivo. A cambio, tres únicas condiciones: aplicar parte del “Plan Perú” (el plan de gobierno fujimorista), “cero tolerancia” con la corrupción administrativa y distancia de los sectores “de izquierda”. Si Kuczysnki rehusaba, allá él, pero ella hubiera quedado políticamente bien para los siguientes comicios. Concuerdo con el ex congresista Carlos Raffo: fue una gran oportunidad perdida para haber aplicado reformas en beneficio del país.
Cuando Doña Keiko “pactó” con el psicópata que traicionaría a Kuczysnki para sucederle, ella ni nadie en los sectores “de derecha” que querían la caída de Kuczysnki imaginaron que iniciarían en el país un periodo de inestabilidad política que continúa hasta hoy. Periodo convulso que está marcando el final de un ciclo político y el inicio de otro que no sabemos bien cómo será.
Doña Keiko “guerreó”
contra Kucyznski y éste cayó, pero ella, sus afines y el país entero olvidaron
aquel viejo adagio: sabemos cuándo inicia una guerra, pero no cuándo finalizará.
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