La desconexión entre los sectores “de derecha” y la realidad nacional no cesa de aumentar.
Mientras la Presidenta de la República está de visita oficial en China (los viajes “inconstitucionales”, como he expresado anteriormente), se celebró la tradicional fiesta folklórica del Inti Raimi en Cusco. Un asistente inesperado fue el congresista Alejandro Cavero, quien acudió invitado por la Municipalidad Provincial del Cusco.
Salvo por aquel viaje inoportuno -y algo vergonzoso- a India con colegas suyos como Sigrid Bazán y Rosangella Barbarán, Cavero es un joven parlamentario gay que nunca ha estado inmerso en escándalos políticos o denuncias por corrupción administrativa. Sin embargo, cuando apareció en el estrado oficial para el Inti Raimi, varios asistentes le pifiaban y gritaban “¡Que se vaya Cavero!”, “¡Fuera, Cavero!”, “¡Vende-patria!”, “¡Yana alma!” (“alma negra”, en quechua) o “¡Miserable!”. Los abucheos cesaron un poco cuando Cavero fue cambiado de lugar y se sentó cerca de la Ministra de Comercio Exterior y Turismo.
Después Cavero publicó en su cuenta de la red social X (otrora Twitter) que, al margen de algunas voces, él seguirá trabajando por “la democracia, la libertad y el imperio de la ley”. ¿Cuál democracia, Cavero?, ¿la democracia restaurada en 2001 que “su señoría” contribuye a “cargarse” cada vez que vota en la Cámara para violar la Constitución de 1993?, ¿cuál libertad?, ¿la libertad de convertir al Ministerio de Cultura en “censor” con la nueva “Ley del Cine”?, ¿cuál imperio de la ley?, ¿el imperio de la ley que contribuye a pervertir con leyes inconstitucionales desde el Congreso “ilegítimo”?.
Otro ejemplo de desconexión con la realidad es el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Ya estamos acostumbrados a su “boca floja”, pero esta vez fue más lejos: en un viaje proselitista a Iquitos, López Aliaga dijo que él tenía planeado implementar un proyecto turístico en Loreto para “recrear la época del caucho”, a la cual calificó de “historia maravillosa”, al mismo tiempo que alabó a personajes oscuros como Julio César Arana o Isaías Fitzcarrald (también conocido como Carlos Fitzcarrald) vinculados a esa etapa histórica.
Con semejantes declaraciones, López Aliaga demuestra que es un “ignorante supino”. ¿Acaso nunca ha oído sobre los “crímenes del Putumayo”, como son conocidos los años de abusos, esclavitud, masacres y etnocidio cometidas contra comunidades nativas entre los ríos Putumayo y Caquetá desde fines del siglo XIX hasta inicios del siglo XX, la época de la “fiebre cauchera”?, ¿tiene idea López Aliaga sobre quién fue Arana, dueño de la Peruvian Amazon Rubber Company, sindicada como responsable de la explotación y la muerte de miles de indígenas amazónicos, a los que empleaba como trabajadores esclavizados?, ¿sabe López Aliaga que Arana, ex Alcalde de Iquitos y senador bajo la dictadura de Augusto Bernardino Leguía (no obstante, se opuso al tratado limítrofe de 1922 con Colombia), se jactaba de sus “conexiones políticos” por las cuales jamás enfrentó la justicia?, ¿desconoce López Aliaga que las atrocidades en la amazonia no son un “invento izquierdista” sino productos del testimonio publicado del ingeniero estadounidense Walter Hardenburg en 1909 (El paraíso del diablo) y el informe del cónsul británico en Río de Janeiro, Roger Casement, en 1910?.
Tal grado
de desconexión aterra, porque siempre le abre paso a una ciudadanía ansiosa por
un caudillo.
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