No es una consigna que, por ejemplo, se oyó en el concierto de la banda de rock estadounidense System of a Down en el Estadio Nacional. Ya es un clamor popular.
La Presidenta de la República debe irse, lo antes posible. Institucionalmente, Su Excelencia debiera completar el mandato para el cual asumió mediante la sucesión constitucional de 2022. Por las innumerables veces que su Gobierno ha violado la Constitución de 1993, la Presidenta de la República ya no es una mandataria legítima. Además, las encuestas de opinión le atribuyen ínfimos porcentajes de aprobación dentro del margen de error estadístico. Mejor dicho, nadie la quiere.
Entre 2001 y 2006 el gobierno de Alejandro Toledo era mayoritaria y abrumadoramente rechazado por la ciudadanía, pero nadie negaba que “gobernaba”. Hoy no ocurre lo mismo. Su Excelencia no gobierna ni parece interesada en gobernar. Con excepciones, sus ministros se dedican a defenderla ante los medios de comunicación por las denuncias de corrupción administrativa. El Ministro de Economía y Finanzas, quien quiso imponer disciplina fiscal y promover la inversión privada, fue echado sin contemplaciones. Los gremios empresariales están enojados.
La Presidenta de la República ha ido paulatinamente entregando su poder al putrefacto Congreso. Nos rige un “parlamentarismo de facto”, al cual nadie votó en 2021. Su Excelencia es un “títere” de las bancadas “de derecha” más una que otra facción “roja”. La Cámara “espuria” amenazó con mociones de censura a su Presidente del Consejo de Ministros (finalmente, renunció) y algunos congresistas (aspirantes a senadores o diputados el próximo año) pechaban a la Presidenta de la República, pero después “la premian” autorizándole un (inconstitucional) viaje al Vaticano para la entronización del papa León XIV.
Su Excelencia no declara ante los medios de comunicación hace más de medio año, porque considera “enemigos” a los periodistas. Gusta de hablar, sin preguntas. No da entrevistas. En el Palacio Legislativo nadie se inmuta. La Presidenta de la República tampoco puede salir fuera del Palacio de Gobierno sin que la insulten, la pifien o le arrojen basura. Debe ir rodeada de una fuerte custodia policial. Tras la matanza en Pataz, La Libertad, un supuesto criminal se da el lujo de enviar desde Colombia, a través de su abogado, una carta notarial a Su Excelencia exigiéndole que se rectifique, porque ella lo responsabilizó por las trece muertes en La Libertad.
Creo que la Presidenta de la República caerá antes de fin de año, porque los alacranes del impopular e “ilegítimo” Congreso “se la cargarán” para ganar aplausos y conseguir más votos en las elecciones generales. Mientras tanto, las instituciones y el imperio de la ley se hacen añicos, el crecimiento económico mediocre no genera bienestar colectivo y la criminalidad organizada y la delincuencia común seguirán atemorizando a la población y cobrándose más vidas.
Su
Excelencia, ¡váyase!. No lo haga por nosotros, hágalo por usted. Salve su vida,
porque terminará en la cárcel. De paso, nos libramos de usted.
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