Cuestión de oportunidad

 

Un gran deseo de la mayoría de peruanos y peruanas para Perú este año es la caída de la Presidenta de la República y su deslucido Gobierno.

¿Su Excelencia caerá?, ¿ella renunciará o el impopular e “ilegítimo” Congreso “se la cargará”?. A diferencia de quienes colocan fechas o plazos, la caída de la Presidenta de la República no es una cuestión de formalismo sino de oportunidad.

Si una mayoría calificada de la Cámara “espuria” lo quisiera, hoy mismo destituiría a Su Excelencia e instalaría un Gobierno interino (ese interinato sería “nulo”), sin importar que no se haya convocado antes a elecciones generales para 2026 o todavía no estemos fuera del tiempo para prohibir la disolución de la Cámara. ¿Ustedes creen que a esa patota de bandoleros, caraduras y delincuentes, quienes fueron capaces de salirse de la Constitución de 1993 y aprobar un sinnúmero de leyes inconstitucionales, les interesa cumplir la formalidad normativa?.

En abril la Presidenta de la República promulgará el decreto supremo convocando a elecciones generales para el próximo año. A partir de ese momento, las empresas encuestadoras publicarán frecuentes sondeos de opinión sobre intención de voto presidencial y parlamentario. Por supuesto, faltará muchísimo tiempo para el día de los comicios (además que las muestras probabilísticas son deficientes), pero políticos, periodistas e integrantes de la opinión pública suelen considerarlas certeras.

La Presidenta de la República no será candidata ni arriesgará nada en las elecciones generales del siguiente año. Quienes políticamente la sostienen, sin embargo, sí arriesgan sus posibilidades electorales. Cuando las encuestas de intención de voto evidencien incontrastablemente que no serán favorecidos en las ánforas, a causa de haber sostenido políticamente un Gobierno nacional tan repudiado desde el 07 de diciembre de 2022 cuando fracasó la intentona golpista del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, entonces entrarán en pánico y querrán “cargarse” a Su Excelencia tan rápido como los tripulantes de un barco que se hunde arrojan al agua el equipaje. Al final de cuentas, si ellos debieran elegir entre sí mismos y la Presidenta de la República, creo ustedes saben por quiénes optarían.

Tal vez usted piense que el putrefacto Congreso no destituirá a Su Excelencia, pero ella podría renunciar. Considere que la Presidenta de la República está hasta el cuello de expedientes fiscales por múltiples casos penales. Cuando deje el poder, probablemente, irá de frente a la cárcel. No tendrá bancada que la defienda en el futuro Senado y la futura Cámara de Diputados. Si no quiere acabar con sus huesos tras las rejas, debe irse antes que el Ministerio Público, el Poder Judicial y la Policía Nacional puedan ir tras ella el 28 de julio de 2026. Si quienes pudieran salvarla no podrán o no querrán hacerlo, entonces ella buscará salvarse sola.

Paciencia. La Presidenta de la República caerá cuando deba caer y quienes aún la sostiene en el putrefacto Congreso muy pronto serán castigados en las ánforas.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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