Un par de temas para analizar en estos días aciagos para el país.
El Congreso rechazó los informes en mayoría y minoría de la comisión investigadora sobre las “irregularidades” acontecidas en las elecciones generales de 2021, instalada en agosto del año pasado. Por ajustada votación, la Cámara rechazó el informe en mayoría del congresista Jorge Montoya y el informe en minoría de la congresista Sigrid Bazán.
El informe en minoría es vergonzoso. Es un ejercicio de negación ciega: no hay nada, no ocurrió nada, nadie tiene responsabilidad por nada. Sin embargo, el informe en mayoría es decepcionante. Se supone que la comisión debía partir de una hipótesis para desarrollar su labor, pero el informe en mayoría no aporta ningún conocimiento nuevo: sólo señala los hechos polémicos ya conocidos. Por eso no estuve de acuerdo con la creación de esta comisión. Cada congresista está constitucionalmente investido de las atribuciones para investigar. Por ejemplo, Montoya hubiese investigado por su cuenta y, ante nuevos indicios (como las declaraciones del empresario preso Zamir Villaverde sobre un supuesto soborno al Presidente del Jurado Nacional de Elecciones, aún por corroborar), recién hubiera solicitado la creación de la comisión investigadora. Por desgracia, ciertos sectores “de derecha” no pueden ver una lona color rojo que inmediatamente embisten cual toro embravecido.
¿Las elecciones generales de 2021 fueron los comicios más “limpios y transparentes” del mundo mundial, como asegura la soberbia “progresía” limeña?. No. Según palabras del abogado Mario Amoretti, a él y el abogado Luis Lamas Puccio les consta que las fiscalías a las cuales se presentó la veintena de denuncias penales por las “irregularidades” en las últimas elecciones, todas archivaron las denuncias sin siquiera haber iniciado investigación preliminar.
De otro lado, recientemente, la embajadora de los Estados Unidos en Lima se reunió en sede diplomática con el Jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales y el Presidente del Jurado Nacional de Elecciones. Según fuente oficial, esta inusual cita fue para tratar asuntos de “transparencia electoral”. Curioso, porque hablamos de dos funcionarios públicos a quienes poco les importó la transparencia en los últimos comicios. ¿Por qué la embajadora estadounidense (antigua funcionaria de la Central Intelligence Agency, CIA) se reuniría con ellos?.
Esta reunión ha dado pie a un montón de especulaciones propias de “mentalidades cipayas” en este rincón del mundo. No obstante, la realidad es que el State Department sabe que el futuro de América Latina no se decidirá en Perú (no somos tan importantes como creemos) y que el principal aliado de los Estados Unidos en esta parte del subcontinente no es Perú ni Chile sino Colombia. Por supuesto, el State Department sabe bien lo que está ocurriendo en Perú y que la principal amenaza a este país no proviene de un magistrado prevaricador y un burócrata llorón sino del “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su Gobierno lleno de criminales de izquierda radical, cuyo incompetencia y corrupción son nauseabundas.
Por último, las venidas elecciones municipales y regionales son el tipo de comicios más complejos del sistema electoral peruano. Si las autoridades electorales no resuelven correctamente las “irregularidades” que pueden ocurrir o, por el contrario, las fomentan, estas elecciones pueden convertirse en una gigantesca fuente de conflictos políticos y sociales que terminen “cargándose” la democracia restaurada en 2001.
Por mi
parte, nuevamente, no votaré. Ya no creo en las elecciones.
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