Constitución de 1993, en mármol

 

Como predijimos muchos, el bochinche “rojo” que la izquierda radical llamó tercera “toma de Lima” fue un fiasco.

Esta alharaca no fue ni la sombra de los conatos de revuelta y los focos insurreccionales de inicios del año. Hubo pequeñas protestas callejeras pacificas en varias ciudades (excepto Huancavelica, pero sin degenerar en caos), algunos bloqueos temporales de carreteras y en el Centro de Lima estuvieron los tirapiedras de siempre, que no pudieron causar destrucción. No comprendo cómo algunas turbas de izquierda radical pudieron burlar el condón policial y llegar hasta la Plaza Bolívar frente al Palacio Legislativo.

No obstante, no hubo la “marea humana” con la cual la izquierda radical nos amenazaba. El accionar de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional fue correcto. Aunque haya “merluzos” diciendo ahora que la “toma de Lima” no fue un fracaso, porque “el pueblo” pudo expresar su “voz de protesta”, sí lo fue: no alcanzó ninguno de los objetivos fijados. La Presidenta de la República y su Gobierno han salido políticamente fortalecidos.

Justo ese día en el Palacio Legislativo era colocada por orden de la Mesa Directiva una placa de mármol en una de las paredes del recinto con nombres y apellidos grabados de quienes integraron el Congreso Constituyente Democrático (CCD), considerados por sectores “de derecha” como los “padres” de la Constitución de 1993. Hace tiempo en sectores "de derecha" están afanosos por “reescribir la Historia” (en 2017 fue cambiado el nombre a una sala del Palacio Legislativo por motivos ideológicos). De ahí el culto a la Constitución de 1993 que “cambió la historia del Perú”, “trajo crecimiento económico”, “encarna todas las corrientes políticas”, etc. Parecemos Venezuela cuando, primero Hugo Chávez y después Nicolás Maduro rendían culto a la Constitución de 1999 mientras no paraban de violarla.

Quienes pasamos la base 4 y recordamos la dictadura de Alberto Fujimori sabemos bien quiénes fueron los “cerebros” en el CCD (Carlos Torres y Torres Lara, Enrique Chirinos Soto y Henry Pease) y cómo fue redactada la Constitución de 1993 (el “tijeretazo” de Jaime Yoshiyama), además de la campaña tramposa y ventajista por el SI en el Referéndum de 1993. Como “dato mata relato”, vaya a bibliotecas y hemerotecas para investigar y no le narren “cuentos chinos”.

Como en sectores “de derecha” no defienden valores sino intereses y han renunciado al debate de ideas se aferran a la Constitución de 1993 como un símbolo político, no como el pacto regulador entre integrantes de la sociedad y la sociedad respecto a la autoridad. En vez de defender la Constitución de 1993 cumpliéndola y exigiendo su cumplimiento, al mismo tiempo que peleando por reformarla acorde al presente (para salvar la “legitimidad de ejercicio” que consiguió desde la transición hacia la democracia en 2001 y hoy está perdiendo), en sectores “de derecha” creen preservar la vigencia de ésta con placas de mármol. Absurdo.

Nadie conoce el futuro y esa placa de mármol podría ser reemplazada por otra en cinco, diez o quince años.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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