La familia es primero

 

Las denuncias por corrupción administrativa “ahorcan” al “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República.

Su cuñada, hermana de su esposa, la Primera Dama de la Nación, a quien él contribuyó a criar, por lo cual suele llamarla “hija”, está involucrada en la licitación de obras públicas en municipios rurales de Cajamarca, que fueron ganadas por una novísima empresa constructora, cuyo gerente general visitó varias veces el Palacio de Gobierno para reunirse con ella y la esposa. Habría comisión de varios delitos para ambas, conforme al Código Penal de 1991. La Constitución de 1993 no les otorga ninguna inmunidad. Por ahora, la cuñada no fue a la citación de la fiscalía anticorrupción (no presentó excusa ni nombró abogado defensor) y está “no habida”.

El “hombre sin sombrero” está en una encrucijada: una cosa son los veinte mil dólares de su ex secretario general presidencial Bruno Pacheco, los favores de la lobista Karelim López o los sobornos del empresario Zamir Villaverde; otra muy diferente es cuando sospechas y pesquisas alcanzan al entorno familiar. ¿Cómo afirmar que el “hombre sin sombrero” no sabía lo que su esposa y su cuñada hacían?. Si él lo negase (difícilmente, creíble), entonces es un incapaz absoluto para la Presidencia de la República. Si lo aceptarse (dudo lo hiciera), sería un cómplice. Además, ¿cómo salvarse él y dejar que su mujer y la hija de crianza vayan a la cárcel?.

Aunque sea un comunista doctrinariamente mal instruido, el “hombre sin sombrero” es un individuo del campo, ajeno a la cosmovisión de los habitantes de las ciudades. En amplios sectores poblacionales, oriundos de la serranía rural, aún predominan valores morales tradicionales, como la defensa de la familia. “Métete con todos, menos con la familia” o “Por mi familia, hago lo que sea”, son expresiones populares bastante comunes. Podemos acusar de ignorante, sinvergüenza y embustero al “hombre sin sombrero”, pero -no nos consta- de ser un “mal padre”. Creo le preocupa o angustia lo que sus hijos piensen o sientan sobre que multitudes espontaneas griten a él en la calle “¡Burro!”, “¡Corrupto!”, “¡Ladrón!” o “¡Lárgate!”. Creo si su hijo adolescente y su hija niña le pidiesen que renuncie, él lo haría.

Entonces, ¿qué podríamos deducir?. El “hombre sin sombrero” haría todo lo que pueda para defender a su familia. Violaría cuánta norma tenga que violar. Movería todo el aparataje del Gobierno nacional para evitar que sus hijos, incluyendo su hija de crianza, sufran. Al fin de cuentas, la hostilidad del “hombre sin sombrero” y su putrefacto Gobierno hacia el Ministerio Público, el Poder Judicial, la Policía Nacional, el Congreso (¡no existe “pacto” entre TODOS los congresistas con el susodicho para no destituirlo!, como mentirosamente alega la “progresía” limeña) y los grandes medios de comunicación es real y notoria.

He ahí cuándo, desesperado, el “hombre sin sombrero” puede cometer el gravísimo error (como el toque de queda en Lima y Callao decretado para el 05 de abril pasado) que desencadene su caída.

Veremos qué sucederá.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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