¿A usted le interesa la política?. Probablemente, no, como a muchísimos connacionales en Perú. A esa conclusión parecen haber llegado en sectores “de derecha”.
Por ejemplo, mayor interés suscita entre la ciudadanía el reciente escándalo mediático sobre “violencia de género” entre un jugador de fútbol de la selección nacional y su esposa que los señalamientos contra el Ministro de Interior (cuya cabeza aún no rueda como responsable político después del asesinato a sangre fría de un dirigente sindical de Construcción Civil en Lima) por, supuestamente, estar encubriendo un prófugo de la justicia (el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista) o el Ministro de Salud, más preocupado en pelear con las facultades de medicina humana por el Examen Nacional de Medicina (creado en 2003) que en la propagación de las epidemias de dengue o la “viruela del mono”.
A diferencia de sociedades latinoamericanas más politizadas (Bolivia, por ejemplo), la gran mayoría de la ciudadanía en Perú no sabe o no le interesa la política. Sin embargo, a los sectores “de derecha”, más decididos que nunca a “cargarse” la democracia restaurada en 2001 (la cual, inevitablemente, arrastrará al modelo económico heredado de la década de 1990), les aterra otro “bochinche” callejero, como en noviembre de 2020. Si muchos de ustedes dicen “¡No quiero nada con la política!”, ellos tendrán poco o nada de qué preocuparse.
¿Qué entiende usted o muchos de nuestros conciudadanos por “política”?. En principio, es un concepto que tiene varias definiciones. Una de ésas, la principal, es la búsqueda del bien común en la sociedad. Otras dos definiciones, quizá las más habituales, son las elecciones y la disputa por el poder y la actividad de partidos o movimientos políticos. Por su parte, la política también significa doctrinas e ideologías, política pública y gestión pública, funcionamiento de instituciones y vigencia del imperio de la ley y los individuos dentro del sistema político.
Cuando muchos ciudadanos piensan en la política, de inmediato vienen a sus mentes algún escándalo político o una denuncia por corrupción administrativa. En esa circunstancia, ni quien escribe desea saber de política. No obstante, ¿qué pensaría si le dijese que, aunque usted intente escapar de la política refugiándose en la televisión, el cine, el deporte o la socialización, la política lo alcanzará?. Piense: en cuatro o cinco años no se preocupó por la política, pero se inicia una campaña electoral y deberá votar obligatoriamente en comicios. Al final, la política lo atrapará, aunque sea unas horas antes de acudir al centro de votación.
Nuevamente, piense: pandillas compuestas de cínicos, gandules y trúhanes “capturan” el Congreso y lo “ilegitiman” violando la Constitución de 1993. Convierten la Cámara en “espuria”, vician el proceso legislativo y aprueban leyes “nulas”, pero que benefician sólo a ellos o minorías activas y perjudican a la sociedad. Transforman a la Presidenta de la República en un “fantoche” y socavan el Gobierno nacional. Tarde o temprano las consecuencias económicas y sociales se harán sentir: mayor delincuencia, mayor venalidad, menor seguridad, menor inversión, mayor pobreza, menor prosperidad. ¿Podría decirme que la política no nos afectará al final?.
Entonces le
quedarán dos caminos: alistar sus maletas y emigrar a mejores cielos o interesarse
por la política para que la realidad cambie. Dígame usted por cuál optaría.
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