Larriva vive ("ESPECIAL")

 

¿Han oído de José Joaquín de Larriva?. Posiblemente, no, pero viene al caso para la reflexión de este artículo de opinión.

Poeta, escritor y periodista a inicios del siglo XIX, Larriva tenía un estilo satírico y mordaz para describir la realidad peruana de entonces. Nacido en 1780, Larriva estudió en el Real Convictorio de San Carlos. Fue brevemente maestro de Filosofía. Posteriormente, se graduó en Artes, en la actual Universidad Nacional Mayor de San Marcos. También se metió al Seminario Conciliar Santo Toribio de Mogrovejo, siendo ordenado presbítero después, pero nunca tuvo vocación clerical y abandonó la vida consagrada. Adicionalmente, en San Marcos estudió Derecho graduándose en 1809 y durante la década siguiente fue catedrático de la esa universidad.

Sin embargo, la gran pasión de Larriva fue el periodismo. En 1812 el virrey Fernando de Abascal lo nombró Capellán del Regimiento de la Concordia. Aprovechando esta distinción y el nuevo régimen de libertades civiles surgido de la Constitución aprobada por las Cortes de Cádiz en España, se dedicó al periodismo satírico a través del diario El Cometa, lanzando ataques contra el periodista español Gaspar Rico y Angulo, colaborador del diario liberal El Peruano. Después editó El Investigador, que tuvo mayor duración.

Ya para entonces Larriva había mostrado una trayectoria sinuosa. Nunca se manifestó públicamente a favor de la Independencia, pero en 1824, cuando el proceso independentista casi había concluido, viajó a Huamanga para homenajear a los soldados caídos en la Batalla de Junín. Aun así, mantuvo su amistad con Abascal. Tras la proclamación de la Independencia en 1821, Larriva dirigió otro diario satírico, El Nuevo Depositario, para atacar nuevamente a Rico y Angulo, quien por entonces editaba El Depositario, un periódico pro-realista de bajo tiraje. La obsesión de Larriva con Rico y Angulo sólo finalizó cuando éste falleció en el Callao, en 1825.

En 1826, instalada la “Dictadura Vitalicia”, aprovechando una ceremonia en San Marcos al libertador venezolano Simón Bolívar, Larriva se justificó diciendo que no veía diferencia entre el absolutismo virreinal español y el naciente republicanismo autocrático y hasta agradeció a Bolívar por mostrarle el verdadero trasfondo de la Independencia. Sin embargo, cuando Bolívar debió marcharse de Perú, Larriva se volvió anti-bolivariano con dos conocidas décimas. Una de éstas fue popular: “Cuando de España, las trabas en Ayacucho rompimos, otra cosa más no hicimos que cambiar mocos por babas. Nuestras provincias esclavas quedaron de otra Nación. Mudamos de condición, pero sólo fue pasando del poder de Don Fernando al poder de Don Simón”.

Para el final de su vida, Larriva colaboró con los diarios El Telégrafo y el nuevo Mercurio Peruano. Convertido en anti-criollista, Larriva atacó duramente al escritor Felipe Pardo y Aliaga, a quien acusaba de encarnar un “costumbrismo literario” que ofendía a Lima, los limeños y la vida limeña. Larriva falleció en 1832.

¿Por qué la mención a Larriva?. Ciertos periodistas o líderes de opinión pública “de derecha” actúan como Larriva actuó en su época: reniegan de la democracia restaurada en 2001, pero se consideran “demócratas”. Todo el tiempo están quejándose del país. Desearían que Perú fuese “como ellos quisieran que fuese”. Son capaces de apoyar un político y después destruirlo. No pueden con sus inquinas. No los guía ninguna doctrina o ningún ideal sino el oportunismo o determinados intereses.

En pleno siglo XXI, Perú no necesita figuras mediáticas como Larriva lo fue en su tiempo.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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