El Gobierno nacional no observó y, finalmente, promulgó la Ley de Modernización del Sistema Previsional Peruano, aprobada por el Congreso.
A los sectores “de izquierda” no les gusta esta ley, porque “alarga la vida de las AFP”, en alusión al Sistema Privado de Pensiones, conforme al diario La República. Sin embargo, cuando analizamos la norma, no es tan cierto. ¿Es una buena reforma previsional?. Para nada. Empezando que es hechura del impopular e “ilegítimo” Congreso, pero eso es una discusión de otra índole.
La reforma tiene varias novedades. crea un sistema trial con cuatro pilares: no-contributivo (donde estarán los beneficiarios del programa Pensión 65), semi-contributivo (afiliados tanto al Sistema Nacional de Pensiones como al Sistema Privado de Pensiones), contributivo (igual) y voluntario (para afiliados al Sistema Privado de Pensiones), cuyo funcionamiento comenzaría el siguiente año. A partir de ahí, empiezan los cambios.
Se garantiza pensión mínima de 600.00 soles para todos los pensionistas. Inevitablemente, comprometerá la sostenibilidad fiscal del erario público las siguientes décadas. Los porcentajes de aportes a ambos sistemas (12 % en el Sistema Privado de Pensiones, 13% en el Sistema Nacional de Pensiones) podrán ser aumentados mediante decreto supremo. Se permitirá que los empleadores también aporten un porcentaje para los fondos de pensiones de sus empleados. A los trabajadores independientes, con rentas tributables de cuarta y quinta categoría se les descontará mediante retención entre 2 a 5% para la Oficina de Normalización Previsional (ONP) o una AFP, según elijan. Quienes cumplan 18 años de edad o tengan más 18 años de edad e ingresen a la formalidad laboral por primera vez, deberán elegir entre una AFP o la ONP y si no decidieran, serán afiliados automáticamente a la ONP. Este último cambio elimina la reforma de 2012. Por primera vez, los afiliados del Sistema Privado de Pensiones podrán trasladarse al Sistema Nacional de Pensiones. Se crearán “cuentas nominales individuales” para los afiliados al Sistema Nacional de Pensiones. También queda eliminada la opción del retiro del 95.5% de fondos del Sistema Privado de Pensiones al momento de la jubilación para quienes tengan menos de 40 años de edad, que estuvo vigente para todos los afiliados desde 2016. Quedarás las opciones iniciales: renta vitalicia y retiro programado. Por último, el Régimen de Jubilación Anticipada (REJA) quedará definitivamente en 55 años de edad y no se cambia la edad de jubilación para hombres y mujeres: 65 años de edad.
Hay otros cambios que son “cuento chino”: el mecanismo de “pensión por consumo”, que implica el descuento de 1% del Impuesto General a las Ventas (IGV) por compras para aportación voluntaria, con un tope de más de cuarenta mil soles al año. Muchos especialistas indican que, difícilmente, funcionará, porque para muchas compras no se entregan boletas o facturas y quienes sí piden y las reciben, no les interesaría aumentar sus fondos de pensiones. Otro “engaña muchachos” es la apertura del mercado previsional a bancos, entidades financieras o compañías de seguro para que compitan con las AFP. Tampoco funcionará, porque sólo las AFP tienen la logística necesaria para el negocio previsional y si, además, sumamos la “comisión por productividad” (las AFP cobrarían mayor o menor comisión en base a la rentabilidad de los fondos), que no eliminará costos sino los trasladará (regla básica de la economía) y desincentivará nuevas participaciones en el mercado, las AFP continuarán dominando el Sistema Privado de Pensiones.
Los ejecutivos
de las AFP están aliviados, porque la reforma prohíbe expresamente nuevos
retiros extraordinarios de fondos, como ocurrió siete veces mediante normas
legales desde 2020. Aun así, a quienes retiraron el erario público les
garantizará “pensión mínima”. Como era de esperar, esta reforma no resolverá
ningún problema de fondo. Mal.
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