¿Final a la vista? ("ESPECIAL")

 

La Presidenta de la República se ha convertido en “anti-izquierdista” y los sectores “de derecha” están reconociendo que es “su Gobierno”.

Todo el meollo gira en torno al “sucio” Ministro del Interior, quien tiene investigaciones preliminares en fiscalía. Precisamente, la Fiscal de la Nación solicitó a la Corte Suprema de Justicia el allanamiento a la vivienda del polémico funcionario público por uno de esos casos. Una acción que, incluso, no fue sorpresa, porque había sido anunciada días antes por la periodista Milagros Leyva en la televisora privada Willax.

Sin embargo, las reacciones políticas han sido bastante destempladas. Ante reporteros, fotógrafos y camarógrafos en una reunión oficial en el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), el Ministro del Interior fue recibido entre aplausos por sus colegas del gabinete y por un abrazo afectuoso de Su Excelencia. Desde el cínico Presidente del Consejo de Ministros hasta el “merluzo” Ministro de Cultura han defendido públicamente al Ministro del Interior. Han gritado que se avecina un “golpe blando” o “golpe blanco” contra el Gobierno nacional, perpetrado por la Fiscal de la Nación y los grandes medios de comunicación. En el putrefacto Congreso, bancadas “de derecha” respaldaron públicamente al Ministro del Interior y anunciaron su rechazo a la moción de censura presentada por la congresista Susel Paredes.

El asombro provino de la Presidenta de la República, quien se ha comprado enterito el discurso anti-izquierdista de los sectores “de derecha”. Apuntó contra el periodista Gustavo Gorriti y sus amigos "progres". La Constitución de 1993 señala que el Presidente de la República es el Jefe de Estado y de Gobierno y representa a la Nación. Desde el retorno a la democracia en 2001 ningún inquilino del Palacio de Gobierno había renegado abiertamente de su condición de “representante de la Nación”. A partir de este momento, Su Excelencia ya no es una mandataria legítima, porque rechaza “representar a la Nación” sino solamente a quienes le apoyan, a quienes no le critican. Representa, máximo, a los sectores “de derecha”. Así lo aceptan muchos activistas “de derecha” en las redes sociales.

Antes del 28 de julio de 2026, la Presidenta de la República dejaría el poder sólo por dos caminos: la renuncia o la destitución por el hediondo Congreso. Ella es consciente que, en abril cuando convoque a las elecciones generales del próximo año, podría ser sustituida por un Gobierno interino, el cual no estaría obligado constitucionalmente a convocar comicios, porque ya están convocados. Sectores “de derecha”, repartidos en varias posibles candidaturas y que tienen terror a celebrar elecciones libres, porque no consideran que tendrían un “triunfo asegurado”, necesitan deshacerse de Su Excelencia, repudiada casi totalmente por la ciudadanía, si desean aumentar sus chances electorales. Les convendría “cargarse” a la Presidenta de la República y reemplazarla con un monigote que presida el interinato, mientras se preparan para ir a comicios.

Creo Su Excelencia está desesperada por asegurarse apoyo político dentro del impopular e “ilegítimo” Congreso, pero los sectores “de derecha” que dominan la Cámara “espuria” la desprecian y mil veces preferirían salvar al Ministro del Interior que salvarla. Excepto que tenga un “as bajo la manga” contra los venales congresistas, ella está condenada.

Si la Presidenta de la República cayera y el cloacal Congreso instala un Gobierno interino, se abrirá la Caja de Pandora y nadie conoce a dónde nos conducirá como país.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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