Talón de Aquiles de Porky ("ESPECIAL")

 

Parece que el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, está nerviosito.

Todo empezó con el congresista José Luna Gálvez. Polémico empresario y con pasado en el APRA, Luna Gálvez fue hace varios años un político cercano al difunto ex alcalde de Lima, Luis Castañeda. Cuando Luna Gálvez estaba en el Congreso, durante los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, López Aliaga era regidor metropolitano con Castañeda.

Luna Gálvez dijo que López Aliaga fue el “asesor financiero” de Castañeda y lo acusó de haber sido uno de los defensores del contrato de concesión vial Línea Amarilla, que en 2009 la Municipalidad Metropolitana de Lima firmó con la empresa constructora brasileña OAS. En sesión del Concejo Metropolitano para aprobar el contrato ese año, López Aliaga defendió ardorosamente la inversión brasileña. Aquel contrato fue aprobado unánimemente y a López Aliaga, según consta en actas que fueron difundidas por los medios de comunicación en 2021, le parecía un contrato “magnifico”.

Demagógicamente, López Aliaga hizo de la frase “peajes de la corrupción” una consigna y no ha cesado en el propósito de “cargarse” las dos concesiones viales en la ciudad, violando la Constitución de 1993 que las protege. No obstante, López Aliaga debió admitir públicamente que sí votó a favor de Línea Amarilla, pero cuyo contrato habría sido “echado a perder” por la sucesora de Castañeda, Susana Villarán.

En 2013 Villarán y sus funcionarios renegocian el contrato, la concesión cambia de nombre a “Vía Parque Rímac” y se acuerda el traspaso de los peajes. En ese entonces la Municipalidad Metropolitana de Lima firmó el contrato de concesión vial Rutas de Lima y se acordó el traspaso de los peajes a quien, en aquella época, tenía mayoría en el accionariado: la empresa constructora brasileña Odebrecht. Por esas turbas negociaciones que originaron ambas concesiones viales, que entregaron dinero a la campaña del NO en la consulta popular de revocatoria del mandato, Villarán y varios de sus funcionarios están procesados penalmente.

En 2015 Castañeda regresó y renegoció -una vez más- el contrato con OAS: la concesión volvió a denominarse Línea Amarilla, se extendió de 30 a 40 años y la comuna capitalina renunció a un porcentaje de las tarifas por los peajes. Ese caso está judicializado y hasta su muerte Castañeda estuvo investigado en fiscalía. En 2016 OAS vendió la concesión a la constructora francesa Vinci Highways y Odebrecht vendió su mayoría accionarial a la constructora canadiense Brookfields. Sin embargo, nada ha impedido a los politiqueros continuar con la demagogia.

Vestido como moralizador, López Aliaga aún desea “cargarse” las concesiones viales en Lima, pero al difundirse entre la ciudadanía y la opinión pública que él fue un “gran defensor” de uno de ambos contratos, su credibilidad quedaría dañada. López Aliaga lo sabe y, por eso, insulta a tutilimundi y se enfrascó en una sucia pelea pública contra el periodista Nicolás Lucar. Con insultos y amenazas, López Aliaga quiere imitar el estilo político del presidente argentino Javier Milei, pero el entonces diputado no tenía similar pasado ni nunca fue incoherente con su mensaje.

López Aliaga hubiese quedado mejor si decía que cambió de opinión, pero parece evidente que los mal llamados “peajes de la corrupción” son realmente su “talón de Aquiles”.

 

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