Hojeando el diario Perú21 llamó mi atención la columna de opinión de Fernando Calmell del Solar.
Arquitecto egresado de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, aparentemente, no sería familia con un homónimo suyo, quien fue senador a inicios de la década de 1980. Según referencias en Internet, preside la Asociación de Emprendedores del Perú. También sería uno de los fundadores de la página web de análisis político www.lampadia.com, además de haber sido columnista del diario Expreso. Es un hombre “de derecha”.
El caballero inicia escribiendo sobre la ley recientemente promulgada que “delimita” los alcances del Estatuto de Roma sobre crímenes de lesa humanidad cometidos en Perú antes de 2002. Desde el principio descarga su odio hacia los sectores “de izquierda”, a quienes acusa -sin pruebas- de “haber hecho negocio” persiguiendo políticos, militares, periodistas y otros, a partir de 2001, la época de la transición hacia la democracia, y que esta ley les quitaría el “negocio”. El caballero se desvía del tema inicial para señalar a los “fiscales y jueces corruptos” (“corruptos”, porque se dejaron corromper por los sectores “de izquierda”) y finaliza culpando a los sectores “de izquierda” por la demolición de las instituciones y la degradación del imperio de la ley. Remata tildando de “anti-peruanos” a quienes no comparten su pensamiento.
Por desgracia, Calmell del Solar no está solo en este razonamiento extremista y delirante dentro de sectores “de derecha”. Creo que personajes como este caballero NO les importa las violaciones a los derechos y los crímenes de lesa humanidad cometidos tanto por militares que mancharon el uniforme patrio como por el terrorismo comunista en las décadas de 1980 y 1990. Tampoco les importa que, durante la dictadura de Alberto Fujimori, 15% del PBI nacional -de acuerdo al ensayista Alfredo Barrenechea- fue destinado a “comprar” la conciencia a todo aquél que estuviera dispuesto a venderla. No. Solamente, les interesa vencer, como sea, en esa destructiva guerra político-ideológica, a quienes osaron romper la tradicional impunidad en Perú.
Por ejemplo, en 1945, instalado el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, el Congreso aprobó una “ley de amnistía” mediante la cual -exceptuando algunos delitos de sangre- fueron perdonados todos los crímenes cometidos durante las dictaduras del comandante Luis Miguel Sánchez Cerro y el general Oscar Benavides. Once años después, en 1956, bajo el gobierno de Manuel Prado, el Congreso aprobó otra amnistía, por la cual fueron perdonados todos los delitos que cometió la dictadura del general Manuel Odría. En la década de 1980, el APRA, el Partido Popular Cristiano y Acción Popular (mucho menos la Izquierda Unida) rehusaron castigar los crímenes perpetrados por la dictadura del general Juan Velasco Alvarado en la década de 1970.
En 2001, el Congreso aprobó una amnistía política para quienes se hubieran opuesto a Fujimori desde el golpe de estado del 05 de abril de 1992, pero la dirigencia de entonces estuvo de acuerdo en castigar a quienes hubieran perjudicado al erario público al amparo de la dictadura o tuvieran las manos manchadas de sangre. Los elementos más extremistas en sectores “de derecha” nunca aceptaron ese cambio histórico. Hubieran deseado, como varias veces lo propuso el recientemente fallecido político y jurista Javier Valle Riestra, otra "ley de amnistía" que, incluso, pudiera haber abarcado perdón para el terrorismo comunista de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.
Calmell del
Solar no oculta su aprobación a la mentada ley aprobada y promulgada, contra
toda crítica, por el Congreso, como una nueva “amnistía”. No obstante, la gran
mayoría de la ciudadanía no piensa como él y cuando muy pronto sea convocada a
las ánforas lo manifestará.
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